• Por Mélina Soto, MenC (@HealthyReefsMéxico)

    Nota vía Planeteando

    El Sistema Arrecifal Mesoamericano, una riqueza compartida

    Compartimos con nuestros vecinos de Belice, Guatemala y Honduras, una región ecológica muy importante: el Sistema Arrecifal Mesoamericano, o el SAM para los amigos. Esta ecoregión incluye extensos bosques de manglar, pastizales marinos y, por supuesto, arrecifes de coral. Los arrecifes de coral que lo componen bordean más de 1000 km lineales de costa, haciendo de este ecosistema transfronterizo uno de los arrecifes de coral más grandes del mundo. Alberga numerosas especies emblemáticas, protegidas y amenazadas como las tortugas y el tiburón ballena, así como especies de interés comercial como las langostas y los meros. Las comunidades costeras de esta zona dependen directamente de la salud de esta ecorregión por la belleza escénica de sus playas y aguas cristalinas, base de la actividad turística que genera billones de dólares al año, pero también por sus vínculos históricos que alimentan una colorida diversidad cultural y riqueza étnica.

    Los diferentes servicios ecosistémicos de los arrecifes sanos, aquellos beneficios que nos brindan por el “simple” hecho de existir, son bien conocidos: desde la protección de las infraestructuras costeras ante las tormentas tropicales gracias a sus estructuras que forman barreras; la seguridad alimentaria de las comunidades donde la pesca artesanal de pequeña escala es la fuente principal de proteína y de ingreso ya que muchas especies viven y se reproducen en, o en la cercanía de, los arrecifes; hasta su belleza escénica, un atractivo turístico de importancia mundial. En efecto, se estima que los arrecifes del mundo -gracias a sus aguas claras, playas de arena blanca y organismos coloridos- generan unos 36 mil millones de dólares americanos a través del turismo. En la isla de Cozumel, se ha estimado que los arrecifes generan unos 5,493 millones de pesos gracias a los casi dos millones de visitantes anuales, pero si su degradación continua se estima que habría una pérdida de 1,500 millones de pesos anuales.

    El cambio climático y la contaminación, dos graves amenazas al SAM y sus poblaciones.

    Desafortunadamente, los arrecifes de coral están enfrentando graves amenazas, principalmente por el cambio climático global y la contaminación antropogénica (de causas humanas). El cambio climático provoca un calentamiento de las aguas superficiales del mar, estresando los corales de tal manera que pueden acabar “blanqueándose”, rompiendo la simbiosis que los une a unos dinoflagelados microscópicos que les benefician gracias a los metabolitos de su fotosíntesis, expulsando así una de sus principales fuentes de energía. Los corales que sufren este proceso se pueden morir, dejar de crecer o dejar de reproducirse, teniendo impactos muy graves para la salud del ecosistema entero. De la misma manera, el cambio climático causa la acidificación de los océanos, dificultando la tarea de los organismos que construyen su esqueleto con carbonato de calcio como los corales. El calentamiento superficial del mar genera también un aumento de la frecuencia y la fuerza de las tormentas tropicales, incrementando el riesgo a la costa y provocando que la estructura de los arrecifes se rompa con más frecuencia, disminuyendo su efecto de protección y fragmentando muchos organismos. El cambio climático y sus diferentes repercusiones se observan a escala mundial. A escala local o regional, la contaminación por fuentes humanas es una de las amenazas más graves que afectan a la vida marina. Por ejemplo, la falta de un manejo adecuado de nuestros consumos tierra adentro tiene como consecuencia que lleguen al mar un sinfín de contaminantes: bacterias fecales, fertilizantes, pesticidas, virus, plásticos de todos tipos y tamaños, especies invasoras etc., etc. Todas estas amenazas combinadas han conducido a una disminución drástica en la cobertura de coral vivo y una proliferación de macroalgas que aprovechan las aguas contaminadas para crecer y competir con los corales, asfixiándolos e impidiendo su desarrollo.

    Las estrategias basadas en ecosistemas, una herramienta a nuestro alcance.

    El cambio climático afecta a toda la humanidad, pero ciertas regiones, como la nuestra, son más vulnerables ante sus impactos. Una de las estrategias para enfrentar esta nueva realidad es la mitigación y la adaptación basada en los ecosistemas (AbE), que intenta disminuir los impactos de y buscar alternativas ante el cambio climático utilizando la biodiversidad y los ecosistemas. Y allí nuestra región sí que es muy rica y llena de oportunidades. Los arrecifes, los pastizales marinos, los manglares y el acuífero subterráneo kárstico están íntimamente vinculados y brindan muchos servicios de mitigación y adaptación. En Quintana Roo, se está llevando a cabo un proyecto innovador donde los arrecifes están asegurados para así financiar su restauración activa y rescatar su cobertura, manteniendo el servicio de protección a la costa, hábitat de especies y belleza para el futuro. Los manglares y pastos marinos tienen un potencial muy alto para almacenar CO2 de la atmósfera y mitigar el cambio climático, a este carbón secuestrado se le llama “carbono azul” y en el SAM tenemos millones de hectáreas de estos ecosistemas. El manejar de manera integral nuestra zona costera, el preservar corredores de selva para asegurar la recarga de nuestros acuíferos, el restaurar las dunas, proteger las zonas y temporadas de reproducción de las especies de las cuales dependemos, respetar las zonas inundables y muchas más, son excelentes estrategias “AbE” que tenemos a nuestro alcance gracias a nuestra rica biodiversidad.

    Desafortunadamente, falta mucho más por hacer, las iniciativas están aún muy aisladas y se enfrentan con otros tipos de intereses que causan el deterioro de nuestros ecosistemas, clave para nuestra sobrevivencia. La deforestación y cambio de uso de suelo de selvas y manglares, la destrucción sistemática de las dunas, la corrupción, la falta de un marco regulatorio actualizado y adaptado a los ecosistemas locales para limitar los contaminantes, la falta de infraestructura para el tratamiento de las aguas residuales (solamente el 30% de las aguas residuales de México están siendo tratadas) y la poca voluntad política general son quizás las más graves amenazas que enfrenta nuestro Sistema Arrecifal Mesoamericano.

    Requerimos un cambio urgente, si el COVID-19 nos ha enseñado algo, es que la destrucción de la biodiversidad puede tener impactos a escala global sin precedentes. ¿Estamos convencidos ya de que la naturaleza es nuestra mejor aliada y nuestra mejor inversión? ¿O preferimos seguir esperando a que su destrucción se vuelva nuestra ruina?

  • Por Omar Ballesteros
    Nota vía Planeteando

    En Coahuila se extrae el carbón desde el siglo XIX, los municipios de Múzquiz, San Juan de Sabinas, Sabinas, Progreso, Nava, Monclova, Piedras Negras, Escobedo y Juárez conforman la región carbonífera del estado, ya que son zonas en donde abunda el carbón. Existen diferentes tipos de carbón, los más comunes son el carbón vegetal y mineral, este último es el carbón por el que es conocido el estado de Coahuila. El carbón mineral es una roca que se forma al pasar millones de años por la descomposición de materia orgánica (mayormente vegetación) en ambientes pantanosos y en ausencia de oxígeno. Existen diferentes tipos como la antracita, lignito, turba, coque y la hulla. La hulla es un carbón flamable y se extrae de las minas, pues se utiliza para generar energía (vender el carbón a CFE) y para fundir el acero en los altos hornos.

    Desde hace muchos años, a Coahuila se le conoce por las desgracias en la minería del carbón: minas que explotan y trabajadores atrapados o mutilados. A los habitantes de esta región nos costó mucho trabajo aceptar que esa era la realidad, pero por más de un siglo nos hicieron creer que no había otra opción y que había que normalizar los desastres mineros o acostumbrarse a la pérdida de un familiar.

    Durante mucho tiempo se nos hizo creer que las explosiones, los derrumbes o las inundaciones en las minas eran normales, casi un desastre natural que era inevitable. El trabajador minero y su familia tenían que aceptar el riesgo y responsabilidad de entrar al interior de las minas y adaptarse a la famosa y detestable frase “sabemos que entramos con vida, pero quien sabe si saldremos”. Esta frase expresa cómo normalizamos las precarias condiciones de trabajo, porque jamás se nos explicó que una mina con un adecuado sistema de ventilación no explotaba; que con soportes de carga bien establecidos no se caía; o que si se hace una buena barrenación, se podía saber si estaba próxima a una inundación.

    El minero veneró al carbón porque gracias a las minas los pueblos existen y los pueblos mineros hasta en el nombre parecen llevar la penitencia: “Minas de Barroterán”, “Minas La Florida”, etc. Es decir, se reafirma una y otra vez que todo se lo debemos a las minas. Incluso cuando una mujer enviuda se deja de nombrar al esposo para señalar que son viudas de las minas. Por ejemplo, se conocen a las “viudas de Pasta de Conchos” o “las viudas de la Espuelita”.. Parece que las mujeres enviudan de una mina y no de su esposo. Fue así como el carbón pasó de ser un enemigo para ser un símbolo que representa al minero, pero al de hace 100 años no al actual, y eso como pueblo es lo que queremos cambiar.

    Los habitantes de la región carbonífera llevaron durante mucho tiempo puesta la camisa del minero, al fin y al cabo era algo que presumir ¿o no? Presumir la minería como una fuente de empleo importante que jamás se vio reflejado en una nómina, ni en un cheque del minero, ni en su calidad de vida. Presumir la minería porque el carbón es un mineral único en nuestros pueblos y, por ende, lo hace sobresalir por encima de otros estados, sin importar las muertes, explosiones, caídos y mineros lastimados a causa de pésimas condiciones laborales y sin respetar medidas de seguridad. Presumir el carbón porque gracias a él se genera una parte de la electricidad de CFE, sin importar el polvo de carbón y sus residuos que durante mucho tiempo hemos respirado. Presumir las minas porque gracias a ellas empresas estatales y nacionales se establecen en la región, abren la tierra, nos quitan nuestras casas y hacen inmensas montañas de desechos dentro de los mismos pueblos. Se glorifica un modelo de masculinidad, en la que los hombres deben ser valientes, heroicos y nunca llorar porque “solo este tipo de hombre es capaz de enfrentar el peligro”. Muchos mineros aún siguen presumiendo estos falsos atributos de masculinidad. Se presumen también, los más de 6 monumentos al minero caído en los pueblos de la región carbonífera, porque los mineros son héroes por morir en pésimas condiciones de trabajo. Presumir…justificar… normalizar…

    Orgullo minero y daño ambiental.

    Los pueblos de la región carbonífera cuentan con paisajes naturales y ríos que son hermosos, y el mejor ejemplo puede ser La Sierra Santa Rosa, en Múzquiz, parte de la Sierra Madre Occidental. Sin embargo, nos han acostumbrado a ver más de cerca las montañas y cerros negros, creados por el hombre y empresarios de la minería. Montañas de color negro dentro de los pueblos que respiramos cotidianamente por la cercanía a nuestros hogares. A esas montañas negras se les conoce como los “terreros” que no son otra cosa más que los desechos de carbón. El carbón para hacerlo más puro se somete a tratamientos así que los cocedores tenían la finalidad de sacar residuos como polvo y tierra. En el caso de Barroteran, la empresa al no querer estos desperdicios “donó” (por no decir que aventó) miles de toneladas de esos desechos al pueblo. Los habitantes ven a los terreros como una montaña referente a la localidad, van con amigos, familia y pareja a subir hasta la cima de los terreros, y no son conscientes de la cantidad de polvo y partículas de carbón que respiran y el daño pulmonar que esto puede ocasionar.

    En el municipio de Múzquiz al ver que los terreros están dentro del pueblo, los utilizan como basureros donde queman basura, como si la presencia de los terreros fuera el permiso para seguir contaminando. Tal vez para justificar que los terreros sean una zona en donde está permitida la contaminación y el daño ambiental decidieron poner el basurero local a un lado. Pero la situación empeoró, porque también el basurero está cerca de la localidad, no tiene un buen manejo donde no se separa la basura orgánica de la inorgánica y donde cada día se le prende fuego e incluso se quema llantas.

    Otro referente es la chimenea de Nueva Rosita, que desde el 2013 es un parque recreativo que en un inicio pretendieron decir que era “ecológico”. La chimenea perteneció a Grupo México, cuando estaba en funcionamiento, y expulsaba humo negro que llegaba a toda la ciudad. El valor simbólico que tiene para los habitantes de esta ciudad es que lo ven como un emblema de las promesas que nunca cumplió la empresa, no hubo ni desarrollo, ni distribución de riqueza, sólo empleos mal pagados.

    Se repite lo mismo, nunca se va a decir que la chimenea contaminó, dañó el aire, provocó enfermedades, y afectó en gran medida uno de nuestros ríos más importantes.

    San José Cloete, un pueblo que está rodeado de minas y de tajos, que da como resultado paisajístico un lugar apocalíptico, que en lugar de decir “aquí hay vida” visualmente nos dice “aquí hubo vida” o “esto fue la raza humana”. Fueron las familias y los habitantes junto con la Organización Familia Pasta de Conchos, que hicieron frente a los empresarios del carbón y no permitieron más minas dentro del pueblo, no dejaron que se adueñaran de sus casas. El río Sabinas, afectado también en esta parte porque hicieron minas en las orillas y lavaron carbón para arrojar sus desechos al mismo río.

    La Organización Familia Pasta de Conchos, acompaña a las familias de los mineros no sólo de los quedaron atrapados en Pasta de Conchos, sino a los mineros que aún trabajan en las minas y que ahora ya no están dispuestos a sacrificar su vida por la negligencia de las empresas. Ahora, en actos realmente heroicos, se atreven a denunciar a los malos patrones para que, empujando todos y todas juntos, vayamos logrando mejores condiciones de trabajo. Es por ello que la Organización Familia Pasta de Conchos, emplea mucha de su fuerza y energía en dar seguimiento al cumplimiento de los derechos humanos laborales, acompañando casos, inspeccionando minas con la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, defendiendo también a las poblaciones mineras por la invasión de sus pueblos y litigando las denuncias por el daño ambiental.

    Las minas, tajos y maquinaria, quedan en el olvido cuando ya no se puede extraer carbón, dejando instalaciones oxidadas en los poblados. A mediados de marzo se encontró el cuerpo de una persona, la cual dejaron en el interior de lo que una vez fue un tajo. Las autoridades, conociendo el título de concesión, nombre de concesionarios, datos de la empresa, etc., nunca, ni cuando la Organización Familia Pasta de Conchos entrega los expedientes completos, nunca han castigado a ninguna empresa por el daño ambiental, por la muerte de los mineros, por el despojo a las poblaciones. En la región carbonífera sufrimos esta desgracia, porque impera la negligencia y complicidad de todos los niveles de gobierno.

    La minería del carbón es una práctica de trabajo que en la mayoría de los casos es precario, y por ello más peligroso, sólo nos ha dejado familias incompletas y trabajadores con extremidades deterioradas o amputadas, una mala calidad de aire, un verdadero desastre ambiental, todo para que las ganancias sean para los empresarios.

    No puedo pensar por todos, pero sí por los jóvenes que he conocido de 16 a 28 años. Ellos ya no quieren entrar a trabajar a las minas, para las nuevas generaciones la minería ya no es ese trabajo que se hereda, que se tiene hacer por nacer en un pueblo minero. Ya no quieren exponer su vida, ni dejar a sus hijos solos. Está claro que hay un gran cambio generacional en la minería del carbón. Pero al mismo tiempo, la minería continúa siendo una pasión para la generación de mi papá y los abuelos. Es increíble la cantidad infinita de locales y negocios de todo tipo (incluyendo cantinas, tiendas de abarrotes, ferreterías, farmacias, tortillerías, etc.) que en su nombre o en su imagen hacen alusión a la minería del carbón, y con lo cual los mineros viejos se aferran de todo corazón para conservarlas, a pesar del enorme daño que la minería del carbón con sus malas condiciones nos ha hecho. Pero el minero joven, aquel que ya no quiere entrar a las minas, que piensa en su familia, que migra a otros trabajos y que le interesa conservar su medio ambiente está haciendo la diferencia. La falta de alumnos en ingenieras de Minas, Metalurgia y Siderurgia, reflejan la pérdida de interés de los jóvenes.

    Los ex-mineros y población de la región ahora tiene más opciones como las maquiladoras, que obviamente tienen sus propias problemáticas y desafíos, pero aún con ello, para muchos jóvenes significa volver vivo a su casa, a su familia y esto, por terrible que parezca, ya es un pequeño avance.

    Los paisajes de Coahuila, cálidos, secos, amarillentos por el sol, sedientos de agua, de tierra agrietada, con huizaches, nopales y fauna increíble como los osos, los coyotes, correcaminos y víboras, parecen sacados de la literatura de realismo mágico, como El Llano en Llamas de Jun Rulfo o en cuentos de Elena Garro. Y en este realismo mágico, los jóvenes queremos tener nuestro propio horizonte en el arte y la cultura, por eso formamos grupos de baile, músicos, cantantes, escritores, deportistas, escultores, arquitectos, fotógrafos, ilustradores … eso es lo que yo quiero en mi región, que los jóvenes podamos ser jóvenes y no mineros condenados a muerte.

  • Por Ximena Peredo (@ximenaperedo18)
    Nota vía Planeteando

    Hace unos días se registraron 200 incendios en la Zona Metropolitana de Monterrey. Fue un hecho histórico que, sin embargo, pasó más bien inadvertido. El “problema” que se comentó en los medios de comunicación es la insuficiencia de bomberos y de presupuesto para combatir el fuego. La crisis climática la puedes tener sentada frente a ti, sin verla. ¿Cómo podemos explicar esto?

    La primera vez que entendí cómo opera la lectura selectiva de la realidad fue leyendo a Michel-Rolph Trouillot, en Silencing the Past: power and the production of history. En este libro, el autor presenta cómo la revolución haitiana pasó desapercibida -aún después de suceder- para la Francia colonial. Las noticias que llegaban del caribe no podían ser ciertas sencillamente porque era imposible imaginar a la población negra organizándose. Al creer que los esclavos eran más animales que personas, la posibilidad de la emancipación era un disparate. Se reían con las noticias. De hecho, hasta la fecha, aunque se trató de la primera revolución de independencia en América, en 1791, se le sigue llamando “insurrección” y no se le da el crédito que merece en la historia. Trouillot concluye: no se puede expresar lo que aún no se logra pensar. Esta sentencia nos regresa a la crisis climática y nuestra “incapacidad” para leerla en los acontecimientos.

    Pero, ¿cómo aprendemos a leer la realidad? ¿Por qué los franceses estaban tan seguros de que la población negra no podía planear y ejecutar su independencia? ¿Por qué en Monterrey no terminamos de asumir la crisis climática que nos tiene en sequía desde hace más de siete años? La realidad es una construcción social muy difícil de atajar. Se sostiene de una tradición, es decir, de su permanencia en el tiempo y de narrativas que “suenan bien” y son coherentes con la lógica dominante. En este sentido, la lógica moderna, aquella que plantea la separación de las personas y de la naturaleza como un principio civilizatorio, lleva por lo menos 220 años dominando nuestra organización social a partir del diseño de una economía utilitarista, que reduce a la naturaleza a su función de materia prima o a un “gran vacío” en donde desechar emisiones y residuos de nuestra actividad productiva.

    ¿Cómo discutir la contaminación ominosa de Fundidora instalada en el corazón de la Ciudad, o el despojo del agua perpetuado desde entonces por Cervecería Cuauhtémoc? ¿Quién podría pensar en esto cuando todo iba “tan bien”?

    El caso de Monterrey es emblemático precisamente porque mi Ciudad nace con el propósito de crecer el brote de capital que surgió a finales del siglo XIX, producto del comercio contrabandista y la modificación de la frontera con Estados Unidos. Antes de las fundaciones de Cervecería Cuauhtémoc y de la Fundidora de Hierro y Acero, Monterrey era apenas un caserío. Al ser todo el desarrollo posterior a la fundación de estas dos corporaciones, las conductas sociales, prácticas políticas y educación fueron subordinadas a las lógicas de estas dos industrias que ofrecieron trabajo, escuela y hasta religión a sus empleados y a sus familias. ¿Cómo discutir la contaminación ominosa de Fundidora instalada en el corazón de la Ciudad, o el despojo del agua perpetuado desde entonces por Cervecería Cuauhtémoc? ¿Quién podría pensar en esto cuando todo iba “tan bien”?

    Mi tesis doctoral justo ahonda sobre la confusión que impera en la Ciudad ante la infrarrepresentación de los espacios naturales y la sobrerrepresentación de espacios productivos y de consumo. A los primeros los creemos irrelevantes y a los segundos indispensables. Cuando desde la infancia te mueven en la ciudad en auto, y te llevan de paseo a espacios de consumo –que aquí llamamos mols, es decir, plazas comerciales-, y pasas tu vida futura yendo y viniendo de espacios de producción (la oficina) a consumo (supermercados, restaurantes, estadio), terminas por creer que así son y deberían ser las cosas. Si a esta inercia generada por la experiencia de ciudad que tenemos, agregamos la dificultad para ejercer el pensamiento crítico en una sociedad con una tradición paternalista del corte obrero-patronal, la posibilidad de cuestionar nuestra relación con el medio ambiente adquiere una importancia de hazaña política. Esto, por más difícil que parezca, está ocurriendo por toda la Ciudad, la dificultad es, de nueva cuenta, ser capaces de reconocer esta revolución que se está gestando por el clima.

    De ahí la importancia de documentales como EL TEMA que se estrenó justo hace una semana, el 13 de abril; y que hoy estrena su capítulo sobre el Aire, enfocado en Monterrey, y en el que tuve el honor de participar. Estas narrativas ayudan a legitimar estas lecturas críticas de la realidad, pero no sólo eso, sino que confirman que la crisis climática es una realidad que nos está matando. Este tipo de esfuerzos documentales, más las luchas que miles de personas estamos dando en el País, pueden parecer que conmueven muy lentamente hacia el viraje urgente a una política y economía centrada en los cuidados y el respeto a la vida, pero son exactamente el tipo de referencias que necesitamos para pensar y expresar lo que explota ante nuestros ojos.

  • Por Sofía Castillo (@sofia_xol) y René Moreno (@elperrogacho).
    Nota vía Planeteando

    Una pensaría que en un desierto se cuidaría y apreciaría el agua como si fuese lo más preciado que tenemos, como si la vida dependiera de ella, porque es evidente que dependemos de ella. Aún así, muchas personas no entendemos el estado crítico en el que nos encontramos. Quizás porque los gobiernos nos han ocultado históricamente la información real sobre la sobreexplotación, contaminación y acaparamiento del agua en nuestro país, o que nos engañaron diciendo que para solucionarlo la estrategia debe ser algo así:

    Este desconocimiento genera las condiciones ideales para que, mientras nosotras estamos cerrándole al grifo cuando nos lavamos los dientes; el agua sea sobreexplotada, utilizada despiadadamente y sin remordimiento por las industrias extractivas, el gobierno y la clase política, a costa de nuestra propia vida.

    Hablando del conflicto en Chihuahua, el uso político del conflicto por el agua entre los malos gobiernos, la agroindustria y pequeños agricultores no es tema nuevo, pero fue en el 2020 que comenzó a resonar a nivel nacional. Ha sido complejo explicar la problemática porque existen intereses de todos los niveles inmiscuidos, desde las cúpulas políticas y empresariales nacionales e internacionales, hasta los intereses de los pequeños agricultores, sus familias y las comunidades que giran en torno a la agricultura en la región.

    Al respecto, uno de los mayores problemas es que la “democracia” se encuentra capturada en nuestro sistema político actual, esto significa que los intereses más cuidados son los de las cúpulas económicas y políticas, como los de la agroindustria de exportación y la clase política que se beneficia de ella (como el PAN, PRI y Morena en el caso de Chihuahua). Lo que significa es que en las decisiones sobre el agua estos grupos son los más beneficiados, mientras que la agricultura para asegurar la soberanía alimentaria de la región es relegada a un segundo término, y mucho peor: las acciones necesarias para evitar una crisis del agua derivada del acaparamiento y la sobreexplotación queda en ultimísimo término.

    La militarización del agua en Chihuahua llevó al límite el conflicto e inició un cambio radical a nivel nacional en la estrategia gubernamental de administración hídrica que a largo plazo afectará a todos los territorios y comunidades en defensa del agua. Después de la primera represión por parte de los elementos de la Guardia Nacional, se publicó un decreto federal para “establecer la utilidad pública de los recursos hídricos como un asunto de seguridad nacional”. Así comienza (oficialmente) la militarización del conflicto en nuestro territorio, lo preocupante es que el decreto abre la puerta a la posibilidad que estas estrategias de militarización para la “protección de los recursos hídricos cómo asunto de seguridad nacional”, o sea un asunto militar, sean utilizadas en cualquier otro conflicto relacionado a la defensa del agua en nuestro país, no solamente en Chihuahua.

    Además, la crisis del agua en Chihuahua se está agravando considerablemente por la sobreexplotación de los acuíferos, de 61 acuíferos que existen en este territorio 29 se encuentran sobre explotados, este ha sido el máximo histórico desde que la @conagua_mx lleva estadística del tema. Prácticamente se duplicó el número de acuíferos donde @conagua_mx considera que se extrae más agua de la que el acuífero puede recargar.

    Para nosotras, es muy importante diferenciar la defensa del agua, del territorio y de la vida, de la defensa que hacen las cúpulas económicas y políticas del riego de cultivos que necesitan altas cantidades de agua en medio de un semi-desierto (esto debe terminar) y que son parte del problema (modelo extractivista y agroindustria).

    En el contexto de crisis climática en el que nos encontramos, es URGENTE evitar la sobreexplotación, contaminación y acaparamiento del agua a manos de estas cúpulas económicas y políticas, y en específico a manos  de las industrias agricolas, del fracking, mineras, cerveceras y refresqueras, responsables de la contaminación, sobreexplotación y estrés hídrico en Chihuahua y México.

    Resulta urgente recuperar nuestras cuencas, para hacerlo debemos tomar acciones concretas y sostenidas para restaurarlas y regresar los ríos a su cauce; así como obligar a que se desmantele el modelo actual de extractivismo del agua que ha demostrado ser insostenible y profundamente dañino, que violenta derechos humanos, propicia conflictos socioambientales y agresiones en contra de las personas defensoras del medio ambiente.

    Resulta urgente que sepamos que la defensa del agua #DependeDeNosotras las personas y que es importante que continuemos fortaleciendo nuestras redes y estrategias comunitarias, de participación ciudadana y democracia directa para la defensa del agua, así cómo exigir colectivamente y con urgencia una Ley Nacional de Aguas que garantice el derecho humano al agua como bien común y que en caso de conflicto vele por los intereses de las personas comunes, las comunidades, pueblos y ecosistemas y no por los intereses de las mega-industrias y la clase política (principios pro homine y pro naturaleza).

    POR ÚLTIMO, es importantísimo que no sucumbamos ante la idea del futuro perdido. La crisis climática es sobre todas las cosas una crisis de imaginación y de esperanza.

    Al día de hoy existen, existimos, cientos de personas y comunidades en todos los rincones organizándonos para evitar las guerras por el agua (únanse, nos necesitamos), cómo las cientos de personas en Mexicali defendiendo el agua frente a la industria cervecera; la digna y rebelde Ayutla, la Temacapulín en defensa incansable de su Río Santiago; los pueblos dignos de Sonora a 6 años del derrame tóxico de Grupo México continúan en lucha por la recuperación de los ríos, los Pueblos en defensa de la vida y las cientos de personas defensoras del medio ambiente, de los cerros y de los bosques en la Sierra Madre Occidental y en todo el país.

    Estamos aquí y lograremos que el agua vuelva a su cauce.

    Mientras los partidos hacen campaña y nos hacen promesas vacías, capturados por los intereses de capitalistas y contaminantes, vamos a defender la vida,

    #ElTemaMX es recuperar el agua, al bosque, a los ríos, a la vida misma y su dignidad para todas las personas.

  • Hoy se lanzó el tráiler de El tema, una idea original de Gael García Bernal y Pablo Montaño, dirigida por Santiago Maza y producida por La Corriente del Golfo. La serie web de seis cortos documentales narra los temas fundamentales de la crisis climática en México a través de las historias y experiencias de activistas medioambientales, defensorxs de derechos humanos, comunidades indígenas, académicxs y organizaciones de la sociedad civil. Dos testigos, el actor, productor y director Gael García Bernal, y la escritora y lingüista Yásnaya Águilar, hilan las diferentes historias y reflexionan sobre el impacto de cada problemática.

    Los cortos están enmarcados en los ecosistemas y paisajes naturales amenazados por el impacto humano en distintos estados del país, y las temáticas que se abordan son: Agua, en Chihuahua; Aire, en Monterrey; Carbón, en Coahuila; Océanos, en Cozumel; Energía, en Tabasco; y Alimento en Chapala. Cada episodio muestra una problemática específica y entrelaza visiones, estrategias y acciones para poder plantear un posible futuro con una visión climática que sea parte de la agenda política del país.

    Actualmente, México sigue una agenda extractivista que orienta recursos y voluntad política en incrementar la producción y dependencia en los combustibles fósiles, al mismo tiempo, se están llevando a cabo megaproyectos en zonas habitadas por comunidades campesinas e indígenas y donde sobreviven áreas naturales de un alto valor ecosistémico, todo esto bajo la premisa de desarrollo.

    En este contexto surge El tema, que habla de la crisis climática a partir de narrativas que involucran a las comunidades y organizaciones como Greenpeace México, Oceana MX y Wikipolítica Chihuahua entre otras, que luchan en la primera línea contra la degradación ambiental y los impactos que ésta ha traído. La serie presenta argumentos y puntos de exigencia que buscan detonar una conversación en torno a este fenómeno global en el contexto de nuestro país.

    El tema es una producción de la La Corriente del Golfo, dirigida por Santiago Maza. Lxs productores del proyecto son Gael García Bernal, Magali Rocha Donnadieu, Mariana Rodríguez Cabarga y Pablo Montaño.

    El tráiler de El tema está disponible en la lacorrientedelgolfo.net, así como en el canal de YouTube de La Corriente del Golfo, donde próximamente también estarán disponibles los cortos de manera gratuita y distribuidos de la siguiente manera: Agua, el 13 de abril; Aire, el 20 de abril; Carbón, el 27 de abril; Energía, el 4 de mayo; Océanos, el 11 de mayo; y Alimento, el 18 de mayo.

    Sigue la conversación a través de:

    #ElTemaMX
    Twitter: @corrientegolfo
    YouTube, Facebook e Instagram: La Corriente del Golfo

  • Por Pablo Montaño @PabloMontanoB

     

    Al final de cada entrevista hacíamos la siguiente pregunta:

    – Y tú, ¿cómo te imaginas que se ve tu comunidad si ganan en lo que están luchando?

    La pregunta descoloca, viene desde un plano fuera de la realidad, desde posibilidades que se antojan prohibidas, nos han acostumbrado tanto a estar a la defensiva que cualquier cosa más allá de la resistencia martirizada suena a un lujo de tontos. La pregunta incomoda, pero la respuesta da vida. Todos tardan 10 segundos, sonríen un poquito y luego describen lo imposible, lo acercan, lo nombran. Hicimos la pregunta muchas veces, hilamos las respuestas y ahora tenemos un collage de ese otro mundo posible, parchado desde las visiones de defensoras del territorio, activistas, campesinos y pescadores. De esos parches podemos hacernos una bandera, un altar y un plan; de ahí sale pa’ todo, compas.

    Esta semana se estrena el tráiler de la serie El tema, una idea desarrollada a partir de conversaciones improbables con Gael García Bernal y hecha realidad con el estupendo equipo de La Corriente del Golfo; tengo el privilegio de haber escrito el guion para los 6 episodios que buscan ilustrar la crisis climática desde la realidad de México, todo narrado desde la voz de aquellas personas en la primera línea de la resistencia. Nos avorazamos: pintar de cuerpo entero un fenómeno escurridizo, de mil caras y de millones de historias. Cuando elegimos el nombre, sentimos la duda de nombrar de forma tan ambiciosa algo que habla de la crisis climática: el tema. Al final prevaleció porque la apuesta es grande y no hay de otra, nada escapa al clima. Cualquier causa, lucha o sueño es atravesada por nuestra casa común y por su clima.

    Las preguntas las cargaron Yásnaya y Gael; preguntaban por la lucha, el cambio, la resistencia y ese otro mundo. En los seis estados visitados, entre personas tan distintas, el clima los hila y la urgencia los hermana. Los testimonios de cada episodio narran la defensa climática de México: desde una agricultora en Chihuahua que pone el cuerpo frente a los militares en defensa del agua, un campesino que cambió la siembra del maíz por la del mangle y que la describe como “soñar despierto” o una agroecóloga que parada en el lecho de un río que lleva veneno en vez de agua te habla de que “hay alternativas y esperanzas”, así en plural.

    Como buen proyecto climático, este proyecto invoca al caos, a ese mismo rizoma que rige a la naturaleza, que cuestiona y que rompe los paradigmas lineales, extractivistas y estériles. El tema es que todo parece estar colapsando bajo el peso de una realidad que se aleja de nuestras descripciones de sociedad. El tema es el desconcierto que nos nace de encontrar que las palabras quedaron vacías de significado, el desarrollo que nos marcó un rumbo fijo, el crecimiento económico que era la meta, el petróleo que nos dio la patria. El tema es que pareciera que nos cambiaron el partido, la baraja, las reglas, los jugadores, TODO. De pronto, es otro el juego y a lo que entendemos vamos perdiendo por goleada, o por default, aún no lo entendemos. El tema es que, por suerte, la crisis climática no es un partido que se pierda o se gane, siempre hay y habrá algo por lo cual luchar. El tema es que toca reinventarse, entender, organizarse y avivar el caos; y para cuando falten los ánimos recordar: “hay una grieta en todo, así es como entra la luz”.

    Vía Planeteando 

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    Energía

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    El tema