[:es]MUBI Podcast Encuentros | T5[:]

En este episodio, reunimos a dos figuras emblemáticas del cine en español que comparten una larga amistad y admiración mutua.

Víctor Gaviria es un director y poeta colombiano reconocido internacionalmente por los largometrajes Rodrigo D. No Futuro y La vendedora de rosas, primeras películas en la historia de su país en competir por la Palma de Oro de Cannes en los años 90. Su obra se ha caracterizado por el trabajo con actores naturales y su persistencia en retratar, sin prejuicios ni concesiones, las realidades más violentas de los márgenes de Medellín. Esto lo ha convertido en una figura ineludible del cine latinoamericano y una gran influencia para las nuevas generaciones de cineastas de Colombia.

Por otro lado, Fernando Trueba es un director y guionista español ganador de numerosos premios Goya, un Premio Oscar y el Premio Nacional de Cinematografía de España. Su filmografía, que comprende casi 20 títulos, ha explorado temas tan diversos como la música, el teatro y la crisis política que produjo la Guerra Civil, pero siempre desde una perspectiva luminosa y cercana a la comedia. Ha dirigido ficciones como Ópera prima y Belle Époque, el documental Calle 54 y las animaciones Chico y Rita y Dispararon al pianista, la primera nominada al Óscar y la segunda estrenada en San Sebastián. También adaptó al cine la novela colombiana El olvido que seremos, película seleccionada en Cannes.

Gaviria y Trueba hablan aquí de su amor por el cine y de las mayores influencias en su obra.

Invitados

 

Créditos

Con la participación de Fernando Trueba y Víctor Gaviria

  • Idea: Efe Cakarel, Sandra Gómez, Jon Barrenechea y Ricardo Giraldo
  • Producción y supervisión:Ricardo Giraldo y Fernando Peña
  • Productores ejecutivos: Efe Cakarel, Sandra Gómez, Jon Barrenechea, Diego Luna y Gael García Bernal
  • Sonido y música original: Andrés Solís
  • Investigación, guion y transcripciones: Andrés Suárez
  • Transcripciones y apoyo en guion: Fernando Peña
  • Coordinación de invitados: Mónica Pérez
  • Voz: Elvira Liceaga
  • Marketing y comunicación: Sofía Chacón y Fabiola Quintero
  • Grabación de Fernando Trueba en España: David de la Fuente en Robin Groove Estudio
  • Grabación de Víctor Gaviria en Colombia: Juan Pablo Patiño
  • Fotografía de Fernando Trueba: Lisbeth Salas
  • Gracias a: Nerea Aizpurua

La Corriente del Golfo Podcast y MUBI todos los derechos reservados © 2023

Transcripción

CRÉDITOS INICIALES E INTRO

  • Arranque sonido de prendido de “proyector” o sonido que considere Javier
  • Créditos producción (Voz Elvis): 

MUBI y La Corriente del Golfo Podcast presentan

  • “Beep” como de arranque de roll
  • Música
  • Nombre del pódcast y ID sonoro (Voz Elvis): 

ENCUENTROS, un podcast de MUBI. La plataforma de cine seleccionado a mano.

  • Extracto conversación 1 


VÍCTOR GAVIRIA
: El sueño logra condensar esas imágenes como en la realidad, estas realidades, digámoslo, incompletas, de la exclusión, ¿cierto? Estas películas se construyen, o estos relatos se construyen, como los sueños también. 

  • Statement (Voz Elvis): 

Las voces más destacadas de Latinoamérica y España se reúnen para compartir y explorar el cine que nos gusta ver.

  • Extracto conversación 2

FERNANDO TRUEBA: Yo decía “Yo no quiero hacer una película de un muerto. Quiero hacer una película, por supuesto, de un asesinado, de una víctima, de un desaparecido, pero quiero que la gente lo vea cuando estaba vivo, cuando era joven, cuando tocaba”, ¿sabes? Que oigan su música, entonces eso para mí era muy importante.

  • Presentación de invitadxs 

 

En este episodio, reunimos a dos figuras emblemáticas del cine en español que comparten una larga amistad y admiración mutua.

 

Víctor Gaviria es un director y poeta colombiano reconocido internacionalmente por los largometrajes Rodrigo D. No Futuro y La vendedora de rosas, primeras películas en la historia de su país en competir por la Palma de Oro de Cannes en los años 90. 

 

Su obra se ha caracterizado por el trabajo con actores naturales y su persistencia en retratar, sin prejuicios ni concesiones, las realidades más violentas de los márgenes de Medellín. Esto lo ha convertido en una figura ineludible del cine latinoamericano y una gran influencia para las nuevas generaciones de cineastas de Colombia.

 

Por otro lado, Fernando Trueba es un director y guionista español ganador de numerosos premios Goya, un Premio Oscar y el Premio Nacional de Cinematografía de España. Su filmografía, que comprende casi 20 títulos, ha explorado temas tan diversos como la música, el teatro y la crisis política que produjo la Guerra Civil, pero siempre desde una perspectiva luminosa y cercana a la comedia.

 

Ha dirigido ficciones como Ópera prima y Belle Époque, el documental Calle 54 y las animaciones Chico y Rita y Dispararon al pianista, la primera nominada al Oscar y la segunda estrenada en San Sebastián. También adaptó al cine la novela colombiana El olvido que seremos, película seleccionada en Cannes.

 

Gaviria y Trueba hablan aquí de su amor por el cine y de las mayores influencias en su obra. 

 

 

  • Continúa música
  • INICIO 

 

FERNANDO TRUEBA: ¡Víctor!

 

VÍCTOR GAVIRIA: Quiubo, Fernando.

 

FERNANDO TRUEBA: ¿Qué pasa contigo, hombre? ¡Qué ganas! ¡Joder! 

 

VÍCTOR GAVIRIA: ¿Cómo te va, hermano?

 

FERNANDO TRUEBA: Bien, ahí. Bueno, ahora de promoción, todo el día en entrevistas y esto, ¿sabes?

 

VÍCTOR GAVIRIA: ¡Qué envidia!

 

FERNANDO TRUEBA: Estrenamos el 6 de octubre, o sea, en nada. Y…

 

VÍCTOR GAVIRIA: ¿Cuál de las dos películas? ¿La, la, la de animación? 

 

FERNANDO TRUEBA: La de animación, sí. La otra… Como la de animación se acabó antes y ya la acogieron en tres festivales, eh, pues fuimos, hemos ido a estos y, y los que nos quedan y, y la otra que la acabé un poco después, pues la hemos metido en la nevera para, para no chocar con nosotros mismos, ¿no? Entonces yo creo que, que en febrero empezaremos a, a enseñarla y eso, ¿no? 

 

VÍCTOR GAVIRIA: Qué bueno, hombre. Qué, qué envidia, has estado de una creatividad tremenda después de que terminaste aquí en Medellín pues El olvido que seremos, ¿no? Qué increíble. 

 

FERNANDO TRUEBA: Sí, sí. Bueno, y fíjate que a la otra película, la que hice en Grecia, eh, me llevé a unos cuantos colombianos. [Se ríen] Porque me llevé de director de foto a Chuván, a Sergio Iván Castaño.

 

VÍCTOR GAVIRIA: Qué bien. 

 

FERNANDO TRUEBA: A Diego Ló… A Diego López. 

 

VÍCTOR GAVIRIA: De arte, sí. 

 

FERNANDO TRUEBA: De arte. Me llevé a Juan Pablo Urrego de actor y luego (...)

 

VÍCTOR GAVIRIA: Qué maravilla.

 

FERNANDO TRUEBA: (...) un par de, dos o tres más, ayudantes de decoración que se trajo Diego y cosas. Entonces, ahí estábamos españoles, griegos, colombianos, alguna vez un americano, [se ríe] una mezcla divertida allí en Grecia. 

 

VÍCTOR GAVIRIA: Qué bueno, hombre. ¿Y contento con la película de, de animación, con la de Le dispararon al pianista

 

FERNANDO TRUEBA: Sí, sí, estoy contento. Sobre todo está reaccionando muy bien la gente, ¿sabes? Es una película que tiene así una descarga pues emocional y es una mezcla entre la parte de música, la parte de historia, la parte política y tal. Mezcla ahí elementos muy distintos a la vez. La película es como si fuera una investigación, pero hecha en animación, ¿no? Entonces es bastante loca en ese sentido, pero la gente se mete mucho, sí.

 

  • INSERT MÚSICA 
  • Nombre de episodio

Episodio 3. Un cine luminoso 

  • INSERT MÚSICA 

 

VÍCTOR GAVIRIA: Yo me pregunto siempre esa afinidad tuya por la animación, Fernando, porque leí algunos comentarios tuyos sobre esta última película Disparando, Le dispararon al pianista y, y, y tienes una, una gran afinidad con, con Mariscal, que es el, el, el, propiamente el animador, ¿cierto? 

 

FERNANDO TRUEBA: Sí.

 

VÍCTOR GAVIRIA: Pero, pero la pregunta es… la pregunta es, el director, el director, digámoslo, ¿cómo, cómo dirige una película de animación? Yo alguna vez estuve en Argentina, en Buenos Aires con Campanella y estuve mirando lo de, lo de, lo de esta película del Gol, (...)

 

FERNANDO TRUEBA: Ya.

 

VÍCTOR GAVIRIA: (...) no me acuerdo muy bien, (...)

 

FERNANDO TRUEBA: Sí.

 

VÍCTOR GAVIRIA: (...) que fue muy… Sí, entonces traté de entender un poquito cuál era la presencia del director ahí todo el tiempo. 

 

FERNANDO TRUEBA: Yo creo que son, que es un tipo de película muy distinta, mi experiencia a la de Campanella. Primero, Mariscal, Xavi, como yo le llamo, Mariscal, no es el animador, es… Mariscal es un artista, es un pintor, es un diseñador, es un ilustrador. Entonces, las dos películas que hemos hecho juntos, primero Chico y Rita y ahora Dispararon al pianista, es la, la colaboración de dos artistas. Es como si tú mañana te juntas con un músico y dices “Voy a hacer un musical y va a ser toda una explosión musical”. Bueno, pues sería la colaboración entre tú y ese músico. Pues eso es lo que hago yo con Mariscal, ¿no? Digamos que él, yo, yo aporto una historia, una planificación, unos diálogos, unas voces y tal, y él todo ese color, todo ese, esos dibujos, esa luz, eh, los diseños de los decorados, de los personajes, de todo eso y entonces la película es el resultado de, de, de la colaboración. Luego hay los animadores que teníamos en esta película, que era una coproducción de cuatro países, porque aquí en España solo tú no puedes hacer una película de este tipo, eh, pues la hemos hecho con Francia, con Portugal y con Holanda, y, y es una película muy artesanal, ¿sabes? Es muy artesanal, ya lo verás cuando lo ves, pero, pero eso nos gustaba, ¿sabes? O sea, nos gustaba que no fuera una película relamida, que no fuera una de Disney, ¿sabes? Sino que fuera una película (...)

 

VÍCTOR GAVIRIA: Qué bueno.

 

FERNANDO TRUEBA: (...) donde, donde el espectador tenga que trabajar, hacer una parte del trabajo también, ¿no? Y, y arriesgada en cuanto a la animación y con distintas técnicas y distintas paletas de color y tal. Y además una película muy, pues relativamente una película bastante política, ¿no? Y bastante… a la vez que mezcla la música y la política. Un poco yo digo que es el choque de trenes entre lo bueno y lo malo de los seres humanos, ¿sabes? Entre la belleza y la violencia. Imagínate que nosotros estamos hablando de una historia ahí a caballo entre, eh, Brasil y Argentina, cuando en un país hay una dictadura y en el otro hay un golpe de Estado y a un músico que esto le pilla en medio, ¿no? Le pilla en medio y lo, y le pasa por encima como una apisonadora. 

 

VÍCTOR GAVIRIA: Qué interesante. Y dices que es una investigación también. O sea, el guión fue una investigación también de, de la, de qué ocurrió con el, con el, con el pianista. 

 

FERNANDO TRUEBA: Claro, el guión cuando yo lo hago, está basado en ciento cincuenta entrevistas, ¿sabes? Ciento cincuenta horas de entrevistas que yo rodé en video antes de hacer Chico y Rita, que rodé mayoritariamente en Brasil, pero también Argentina, en Estados Unidos, porque había algunos músicos relacionados con, con, con Tenorio, el personaje central mío que habían emigrado a Estados Unidos. Incluso hubo alguno en Francia, ¿sabes? Entonces yo fui persiguiendo a la familia, los amigos, a músicos, a gente de derechos humanos, a gente que había tenido relación, eh… Fui a la ESMA, donde él estuvo detenido en Buenos Aires, que, que, que ya estaban con el proyecto de crear lo que ahora es un espacio de la memoria, ¿no? Y estuvimos allí en este lugar donde tanta gente fue torturada y asesinada. Y claro, todo eso en una película de animación no deja de ser quizá un poco chocante, pero, pero yo creo que, que, que está bien, está bien en ese sentido, que da… cuenta, cuenta la historia también, es una película sobre la memoria.

 

VÍCTOR GAVIRIA: Claro. Y, y, y la animación, digámoslo, le permite, me imagino que te permite revisitar espacios imposibles, ¿cierto? Eh, eh…

 

FERNANDO TRUEBA: Claro. 

 

VÍCTOR GAVIRIA: Y de pronto construir también momentos imposibles de, de visitar.

 

FERNANDO TRUEBA: Claro, porque este, este, de este personaje no quedan, no hay testimonios rodados, apenas diez minutos de una televisión cultural de Sao Paulo. Eh, entonces eso… Yo decía “Yo no quiero hacer una película de un muerto. Quiero hacer una película, por supuesto, de un asesinado, de una víctima, de un desaparecido, pero quiero que la gente lo vea cuando estaba vivo, cuando era joven, cuando tocaba”, ¿sabes? Que oigan su música, etcétera. Entonces eso para mí era muy importante. Y eso la animación me lo ha permitido, ¿sabes? Que para mí la animación… Yo jamás, yo como tú, algo que no se me había pasado por la cabeza en mi vida. [Víctor se ríe] Si a mí me hubieran dicho, si me dicen antes de Chico y Rita, “¿Tú vas a hacer películas de animación?”, hubiera firmado que no, hubiera apostado que no. Pero bueno, la vida es así. La amistad con Mariscal, lo que me gusta a mí, las cosas que él hace y tal, me llevó a hacer Chico y Rita y luego eso me hizo darme cuenta de que esta historia en animación era la manera ideal de hacerla. A lo mejor un día tú estás haciendo una de animación. [Víctor se ríe] En esos que ocurre en una de esas comunas de Medellín donde tantas veces has rodado, ¿por qué no? 

 

VÍCTOR GAVIRIA: Claro, claro. No, y por qué no, digámoslo, eh, de pronto para entrar en espacios de la memoria, en espacios, digo yo, digámoslo, de volverse a lugares en donde estuvieron nuestros hermanos, hermanos que ya han muerto y que de pronto… Debe ser muy emocionante cómo la animación de pronto trae otra vez una presencia…

 

FERNANDO TRUEBA: Claro.

 

VÍCTOR GAVIRIA: Y a pesar de que, de que aparentemente es animación, igualmente tiene un efecto de verdad sobre uno, de la emoción. Debe ser muy hermoso porque la animación te permite, digámoslo, acceder a tiempos ya pasados, ¿no? 

 

FERNANDO TRUEBA: Sí. De hecho, por ejemplo, aparte de toda la historia de Tenorio, hay una escena en esta película en la que meto a una de las personas que yo más he querido en mi vida, que es Bebo Valdés, y aparece en una escena animado tocando una música de Tenorio. 

 

VÍCTOR GAVIRIA: ¡No! ¿Y la tocó realmente? ¿En la realidad la tocó?

FERNANDO TRUEBA: La tocó en la realidad, cuando yo no sabía que iba a hacer una película de dibujos animados. O sea, de hecho yo en el proceso aquel de la investigación, habíamos recuperado partituras de Tenorio que estaban por ahí dispersas y tal, y un día enseñándoselas a Bebo, Bebo me decía: “Estaba avanzadito el niño, ¿eh? Estaba avanzadito” y… leyendo la música. Y le dije “¿Te gusta?”, “Sí, sí, muy bueno, muy bueno, estaba avanzadito”. Dice: “Déjame estas que me la voy a llevar pa’ echarles una mirada”. Y entonces me dice a los dos días: “Le he hecho un arreglito porque faltaba un poquito de la armonía en la partitura y tal, no estaba completa” y tal. Y entonces dije: “¿Quieres que la grabemos?” Y nos fuimos a un estudio y lo grabamos, yo sin tener muy claro, pues si a lo mejor un día lo metemos en un disco de Bebo o hacemos un disco de homenaje a Tenorio. Y cuando al final decido hacer la animación, estoy escribiendo el guión y me acuerdo y digo “Joder, (...) 

 

VÍCTOR GAVIRIA: Increíble.

 

FERNANDO TRUEBA: (...) si tengo la grabación, la grabación de Bebo” y entonces, eh, eh, hice una cosa que yo creo que ha quedado muy bonita y resucité también a Bebo y a mí que eso me produce, me produce una gran emoción, lo que tú dices. 

 

VÍCTOR GAVIRIA: ¡Qué emoción! Y me imagino que, que ver a Bebo y allí tocando eso… [Se ríe] ¡Increíble! ¿Y…? ¿Qué se siente? Porque una cosa es, digámoslo, con actores, resucitar a la gente, digámoslo, con actores y con todo ese trabajo de arte y todo eso. Pero otra cosa es con la animación de pronto, porque es una cosa como más espiritual, de alguna manera. Más onírica, digámoslo, es…

 

FERNANDO TRUEBA: Sí.

 

VÍCTOR GAVIRIA: Esa… ¿Cierto?

 

FERNANDO TRUEBA: Sí. Sí, sí, tiene una cosa muy sintética la animación, muy, como que vas a la esencia de las cosas, ¿no? Es que en la animación tú lo crees, ¿no? Yo cuando veo esto de todos los biopics que están tan de moda, yo nunca me los creo. Siempre digo “Mira, este actor, qué bien hace de, de Charlie Parker o qué mal hace de Charlie Parker”. Estás siempre viendo a alguien “hacer de”. 

 

VÍCTOR GAVIRIA: Sí, exacto. 

 

FERNANDO TRUEBA: Mientras, mientras que en la animación yo me di cuenta en Chico y Rita que ponías ahí y decías Dizzy Gillespie, tú sacabas a un dibujito parecido a Dizzy tocando la música de Dizzy y la gente en el trato ese que el espectador hace con la pantalla cuando va al cine, la gente decía “Es Dizzy Gillespie”, ¿sabes? Nadie decía “No, no es”. O sea, es un poco como si la gente ve el retrato del Papa Inocencio de Velázquez, pues no se le ocurre a nadie decir “No, no, si esto es pintura al óleo sobre un lienzo”, no, dicen “Mira: el Papa Inocencio”, ¿no? [Víctor dice algo ininteligible] Hay un pacto ahí que es muy bonito desde el punto de vista narrativo, ¿no?
  

  • Fragmento película

FRAGMENTO DE CHICO Y RITA 

-Por fin, lo que todos habían estado esperando. Directamente, desde New York: Woody Herman y su Four Brothers Band.

-Good evening. A year ago a man named Igor came to see us play. Turns out he liked what he saw and wrote us a song. We’re gonna play that song for you tonight. 

[Una melodía en piano, que luego es acompañada por saxofón y las olas del mar]

  • VOZ MUBI:Acabamos de escuchar un fragmento de Chico y Rita, de Fernando Trueba, Javier Mariscal y Tono Errando 
  • Retoman la conversación

 

VÍCTOR GAVIRIA: Tú, tú has sido también editor de libros, o sea, fuera de… Has editado, has tenido también tu sello editorial y has publicado (...)

 

FERNANDO TRUEBA: Sí.

 

VÍCTOR GAVIRIA: (...) cosas importantes ahí: tu diccionario y, y sobre todo los guiones de, de, de Wilder, ¿cierto? 

 

FERNANDO TRUEBA: Sí, bueno, sí…

 

VÍCTOR GAVIRIA:  Eh,  el de El apartamento

 

FERNANDO TRUEBA: Sí, bastantes cosas hemos sacado ahí. Eh, mi dicionario lo editó Planeta. Luego hubo una cuarta edición, esa sí la hicimos nosotros y luego ya la Galaxia de Gutenberg. O sea que tampoco eso, eh, lo edité directamente, ¿no? Yo, pero… Sí, yo he hecho mucha cosa de, por mi carácter y por cómo soy… Ahora quizá menos en los últimos años, pero he hecho mucha comedia, he hecho muchas películas para hacer reír, siempre me ha gustado mucho hacer reír a la gente. 

 

VÍCTOR GAVIRIA: Ah, sí, sí

 

FERNANDO TRUEBA: Y creo, creo que también hace falta, ¿no? Que, que también hace falta, ¿no?, cuando lo conseguimos. Porque si, si, si uno está solamente enfrentado a estas verdades, probablemente no aguantaríamos mucho rato, ¿sabes? O sea… 

 

VÍCTOR GAVIRIA: No, claro. 

 

FERNANDO TRUEBA: Habría un momento, habría un momento que dices: “Borrarme”. A la vez es tan necesario conocerlas y verlas y que se retraten… Bueno, pues el arte es todas esas cosas, ¿no? El arte era la tragedia griega y la comedia, ¿sabes? Y la comedia surgió de la tragedia y, y la tragedia surgió de, del ditirambo, que era una especie de comedia o de, o de pre standup comedian, ¿no? Siglos antes de Cristo. Claro, sí. Entonces surgió esta cosa de la tragedia, que era una cosa educativa y que era una cosa para enseñar a la gente a ser ciudadanos, a enseñar a la gente a no cometer errores garrafales –no sólo a la gente, sino a la ciudad, al país. O sea, los griegos con la tragedia educaban, ¿no? Y reflexionaban sobre sus errores políticos incluso. Pero ocurrió que ahí, de en medio de eso, que era un acto social y un acto del Estado para con sus ciudadanos, etcétera, de repente surgió la comedia y yo creo que surgió como una necesidad. O sea, las tragedias se presentaban en las, en las fiestas de Dionisos, ¿no? Y entonces aquellos escritores, Sófocles, Eurípides, todos aquellos, tenían que presentar tres tragedias y una sátira. O sea, debe ser que desde el principio estaba claro que si queríamos… que necesitábamos en algún momento relajarnos y reírnos, ¿no? Como los ditirambos esos venían del carnaval, venían de la necesidad de que te dejaran algún día poderte reír del que manda, poderte reír del poder, poderte saltar todas las reglas, ¿no? Y ponerlo todo en solfa, ¿no? Que sin el carnaval la vida era insoportable, ¿no? Por eso todavía el carnaval sigue existiendo y hay países donde, y lugares donde viven todo el año esperándolos los días del carnaval ¿no? Bueno, ambas cosas son necesarias y creo que el arte es esas, esas dos cosas, ¿no? 

 

VÍCTOR GAVIRIA: Y, y, y, Fernando, la comedia es muy difícil. Es decir, tu obra comienza con una comedia, ¿cierto? Ópera prima. Y de alguna manera ha sido, ha marcado pues, digámoslo, como una, un talento tuyo, que es tan escaso el talento del comediante incluso yo en estos días leía precisamente para esta reunión la opinión tuya que decías que, que, que el cine español nunca ha sido más verdadero que con Berlanga, que con El verdugo y con, (...)

 

FERNANDO TRUEBA: Y con Plácido y…

 

VÍCTOR GAVIRIA: (...) y con la otra película, ¿no? Con… Con Plácido, ¿no?

 

FERNANDO TRUEBA: Sí, es verdad que era una época que había censura, que había un montón de limitaciones y de cosas y tal, pero, sin embargo, sí es verdad que esas películas retrataron al país muy bien, ¿no? Y lo retrataron de la manera compleja, por eso son clásicos, ¿no? Porque hay otras que eran comedias de entretenimiento y tal que también retrataban al país, ¿sabes? Lo que pasa es que lo retrataban evitando cualquier problema, ¿sabes? Simplemente haciendo unas risas y, y, y bromas y esto y tal. O sea, la comedia puede ser de todo tipo, ¿no? Puede meterte en la realidad incluso más que un drama o ser también muy escapista y muy…. Yo siempre que alguien me haga reír, le quiero, ¿sabes? [Se ríen los dos] No lo puedo evitar, ¿sabes? Yo siempre digo: “De mis amigos, los que me hacen reír los adoro, los adoro”. Porque eso no tiene, no tiene precio.

 

VÍCTOR GAVIRIA: No, no tiene precio.

 

FERNANDO TRUEBA: Sí, habría que, que ponerles un sueldo a los que nos hacen reír. 

 

VÍCTOR GAVIRIA: [Se ríe]

 

FERNANDO TRUEBA: Es que es necesario.

 

VÍCTOR GAVIRIA: Claro, claro.

 

FERNANDO TRUEBA: Es necesario. ¿Por qué, por qué los periódicos que solo llevan desgracias y crímenes y sucesos, llevan sus tiras cómicas? ¿No? Sus caricaturas y tal. Es que, que al final resulta que son lo más leído de los periódicos, ¿no? Algo querrá decir todo eso.


VÍCTOR GAVIRIA
: Tú, tú… Hay un autor que quisiera que hablaras de él, Fernando, que has escrito sobre él y con tanto cariño, que es Truffaut, que es François Truffaut, que, que creo que de alguna manera ha sido también un director que te ha guiado, ¿no? 

 

FERNANDO TRUEBA: Sí, porque Truffaut para mí era, aparte de sus películas, ¿no? Que la mayoría me gustan mucho, no todas, era una referencia. Y es alguien que me ha educado, que cuando yo era un chaval, un adolescente, leer los escritos de él me hacían entender y ver el cine mejor, ¿no? Y, y, y que hay hasta una película de él que para mí –yo siempre digo fue la película que al salir del cine yo dije “Quiero, esto es lo que yo quiero hacer, yo quiero hacer películas”, ¿no? Que fue El niño salvaje, ¿no? Pero sí, fue un director clave en mi vida, no sé si para la gente de ahora representa algo, ¿no? Me imagino que sí, que para algunos sí y otros ni saben quién es. Pero sí, para mí es muy importante y creo que, que es de esas personas que al morirse relativamente joven, eh,  yo creo que perdimos como una referencia. Hay directores que valen por su obra, ¿no? Porque o son buenos o son tal o tal. Truffaut era además de lo que fuera como bueno, como director bueno y de sus películas, era una referencia, era alguien que estaba ahí y que cuando decía algo, eso tenía un peso, ¿sabes? Y decía algo de lo que estaba pasando en el cine. Tenía una manera de ver las cosas muy, muy personal, ¿no? También era un, un niño del cine, ¿no? Un tipo que había tenido una infancia medio jodida y… o bastante jodida, y que luego supo… ¡Salvado por el cine! ¿No? Yo creo que eso… Hay muchas personas que, que, que, que el dedicarse a algo, les salva de otro destino, ¿no? Yo no sé si eso me pasó a mí o no, pienso que no, que en mi familia aunque estábamos, estábamos allí en un sitio complicado, pero nuestros padres nos, nos cuidaron un poco, lo suficiente para… Que no, no fue su caso, ¿no? Él fue un, él se sintió siempre muy abandonado, tuvo mucho conflicto con el padre, la madre, con todo. Bueno… 

 

VÍCTOR GAVIRIA: Muy abandonado, muy muy, muy sufriente, de verdad. Y si no es por Andre Bazin… Imagínate qué belleza esa relación, ¿no? 

 

FERNANDO TRUEBA: Exacto

 

  • Arranca música de ENCUENTROS
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  • Voz (ELVIS):

En este espacio, Víctor Gaviria y Fernando Trueba hablan de algunas de sus películas favoritas.

 

VÍCTOR GAVIRIA: Tú sabes, eh, Fernando, que estaba viendo una película mexicana ahora que se llama Manto de gemas, una película de, de una jovencita directora que se llama Natalia López y, y es una región llena de, de violencia, de secuestro, de bandolas así, de, de… que atraviesan la noche haciendo pues todo tipo de, de abusos y todo eso. Y la película a cada rato, eh, eh, te hace consciente de la naturaleza que está alrededor, de las colinas, de las montañas, de unos árboles hermosos, del mismo sol que va cruzando el cielo y se oculta o sale por la punta de una montaña, y yo pensaba “Qué, qué increíble que los directores ahora son los…”. No sé si siempre ha sido así, tú que conoces el cine, la historia del cine, pero como que a veces quieren hacerle sentir al espectador que esa violencia, digámoslo, ha estado en lugares muy hermosos, en lugares donde la naturaleza sigue su curso y que de alguna manera como que el cineasta le pide un poco de como disculpas a esa naturaleza de que aquellas cosas insignificantes de maltrato, de violencia y de muerte ocurran allí en esos escenarios. Me parece que (...)

 

FERNANDO TRUEBA: Sí, sí.

 

VÍCTOR GAVIRIA: (...) el cine contemporáneo es capaz de hacer eso, ¿has visto que no solamente narra, sino que también te…? Como que te hace, te hace, como dicen pues, vivir la experiencia también, vivir la experiencia, digámoslo, de la imagen y, y, y sobre todo de la naturaleza, ¿cierto? 

 

FERNANDO TRUEBA: En Colombia también sabéis un poquito de eso, ¿no? 

 

VÍCTOR GAVIRIA: Sí, sí, sí, claro que sí.

 

FERNANDO TRUEBA: Porque qué país tan bello, ¿no? Y bueno, pero es, es… Hablando de esto, directoras mexicanas, vi hace poco en, en, estaba en el Festival de Telluride, ahí en Colorado, en Estados Unidos, y vi una película también de una joven mexicana que se llama Lila Avilés, una película que se llama Tótem. Buenísima, buenísima. Una película que dices: “Wow, qué, qué pulso tiene” Una película que ocurre prácticamente en una casa, una familia durante un día. Y dices “Joder, mantener esa, esa tensión y esa verdad”, ¿no? “Esa verdad durante todo el tiempo”, que crees que aquello es un día de verdad en casa de una familia. Muy buena película, si puedes verla, (...)

 

VÍCTOR GAVIRIA: Qué bueno.

 

FERNANDO TRUEBA: (...) te la recomiendo. 

 

VÍCTOR GAVIRIA: Eh, a mí Scorsese me ha marcado mucho, no sé por qué, me gusta. Ese Scorsese…

 

FERNANDO TRUEBA: ¿Malas calles?

 

VÍCTOR GAVIRIA: Sí, eso, Malas calles. Luego ya las películas posteriores, Taxi Driver. Y luego, en general, esas películas de mafia que él hace, Casino y Buenos muchachos y demás. Todo eso… Me gusta como… Ahora está muy cuestionado eso, pero me gusta mucho esa, esa distancia, el de los, de las historias. Como que presenta unas historias en donde aparentemente no hay subjetividad, pero él, él se encarga de estar allí como autor y, o sea, uno sabe que detrás de todo eso que aparentemente está construido como realidad o como crónica de la realidad, está un director. Yo creo que tú también, Fernando, (...)

 

FERNANDO TRUEBA: Sí.

 

VÍCTOR GAVIRIA: (...) tú también, Fernando, has hecho ese cine, ¿cierto? Un cine en donde aparentemente es un relato de realidad, de crónica real, pero, pero en el fondo estás matizando, señalando, subrayando y estás guiando al, al… Como decía Scorsese, que él decía, él te lo decía de una manera como muy, muy sencilla, yo nunca lo encontré de otra manera, él decía que él de contrabando, él hacía películas películas en Hollywood, pero él de contrabando metía una cantidad de, de elementos, que era lo que… Me gustaba como ese sentido de objetividad, de falsa objetividad del cine, de ese cine, de esos años clásicos, que son unos clásicos también. 

 

FERNANDO TRUEBA: Sí. Por ejemplo… Bueno, Taxi Driver es una película muy subjetiva, tanto que la primera vez que la ves te puede desconcertar, ¿no? El meterte dentro de la cabeza de este, de taxista, ¿no? Como te mete la película, ¿no? 

 

VÍCTOR GAVIRIA: Sí. Obviamente es un personaje, digámoslo, que está atormentado, está… Pero que, pero que su tormento, sí, lo va mostrando a través de detalles. Eso es lo que te quiero decir de pronto, que son pequ… Como lo hace el cine siempre, lo ha hecho siempre, que va mostrando como una, una discordancia de las cosas, hay algo que no funciona, alguien que tiene el pie más, más… que cojea. Las cosas como que parece que van por un lugar, pero las cosas cojean, las cosas lagrimean, las cosas están de alguna manera transidas de unos problemas distintos, ¿no? 

 

FERNANDO TRUEBA: Y a ver, y otro, otro más, me has dicho Scorsese. A ver otro cine, [Víctor se ríe] otra película que te haya marcado, que haya sido clave para ti. 

 

VÍCTOR GAVIRIA: Hermano, pero es una película que yo amo y admiro mucho, que es El espíritu de la colmena. 

 

FERNANDO TRUEBA: Ajá

 

VÍCTOR GAVIRIA: No tiene que ver conmigo, pues no, nada, pero cuando yo pienso como cada que pienso, digámoslo, tratar de entender el cine, tratar de entender un poco cómo, cómo una película con unos elementos tan claros te produce como tanta indagación, digámoslo, en el guión, en los personajes. No sé, me parece como una película siempre que nunca terminó de entender, hermano. Como que siempre tengo que verla para tratar de, de, de entender el pozo que es esa película.

 

VÍCTOR GAVIRIA: ¿Qué, qué, qué significó esa película para ti, Fernando? 

 

FERNANDO TRUEBA: Pues mira… 

 

[Víctor interrumpe]

 

VÍCTOR GAVIRIA: Dime. 

 

FERNANDO TRUEBA: Fue importantísima porque se estrenó y yo debía de tener 16 o 17, no lo sé. La fui a ver el día de su estreno. Eh, había leído el guión en la, en la biblioteca de la, de la Filmoteca y de la Escuela de Cine. Y me impresionó tanto que yo creo que es la primera vez que llegué por la noche a mi casa y escribí sobre cine, no para ninguna revista ni para nadie, sino que me senté y escribí como un largo artículo de todo lo que la película me había sugerido, ¿no? Además me acuerdo que llegué y fui a buscar el libro de La vida de las abejas, de Maeterlinck, y localicé las tres o cuatro citas que hay en la película de textos de ese libro, ¿no? Los encontré esa noche, los subrayé en un libro de la, de la colección Austral que debo tener todavía por ahí. [Víctor se ríe] Y sí, me impresionó mucho. Lo que pasa es que yo no la he vuelto a ver la película y… Pero sí que fue una película importantísima, eh, en la que yo veía, bueno, pues las relaciones del cine, de este, de esta película con otras películas, digamos, del pasado, las películas que habían influenciado a Erice y esas cosas. O sea. que sí fue también para mí una película en su día muy importante. Era como un nuevo, un nuevo cine que se hacía en ese momento, ¿no? Que aparecía en ese momento en España, ¿no? 

 

VÍCTOR GAVIRIA: De todas maneras, digámoslo, hay una película que a mí me, me gustó mucho, que en su momento, por lo que significó para mí, una película… Porque en el año 79, cuando yo empecé a pensar que podía hacer un corto y películas y todo eso, empecé aquí con nuestro amigo Luis Alberto Álvarez, el crítico, vino a Medellín, la película México insurgente, México insurgente, de, de… ay, se me olvidó en este momento el nombre del director.

 

FERNANDO TRUEBA: Sí.

 

VÍCTOR GAVIRIA: Que es una película, digámoslo, en blanco y negro, con la reunión de, de, de Pancho Villa, de Zapata, y que se reúnen (...)

 

FERNANDO TRUEBA: Sí, sí, sí.

 

VÍCTOR GAVIRIA: (...) en un momento clave en México y la película, uno realmente nunca sabes si es documental o, o, o es ficción, se mueve en una ambigüedad… 

 

FERNANDO TRUEBA: Es de este director que hizo la de John Reed

 

VÍCTOR GAVIRIA: ¡Paul Leduc, Paul Leduc!

 

FERNANDO TRUEBA: Paul Leduc, sí, Paul Leduc, exacto.

 

  • Arranque sonido de prendido de “proyector”
  • Voz MUBI (ELVIS)

Segunda parte

  • “Beep” como de arranque de roll
  • Música 
  • Retoman la conversación

 

VÍCTOR GAVIRIA: Cuando empiezo a hacer cine, pues la pregunta mía es como tratar, digámoslo, de romper la representación del actor, tratar de que, de que entre en esa experiencia de filmar una verdad, ¿cierto? Algo que, que, que contribuya, digámoslo, a que aparezcan cosas nuevas allí, como cosas… Ver como verdades, ¿cierto? Como a veces de pronto cosas vividas que entran en la, en ese momento de la filmación. Entonces yo eso lo encontré, Fernando, lo encontré con los actores naturales, porque ellos llegaban con una carga de cosas vividas, eh, y entonces no sé porque cuando hacíamos los ensayos directamente te ponían de presente, digámoslo, a través de la improvisación, como unos seres sociales, unos seres de, de cosas vividas ya con muchísima verdad. 

 

FERNANDO TRUEBA: Sí, sí, sí.

 

VÍCTOR GAVIRIA: Y que uno… La cámara lo apreciaba y uno, digámoslo, detrás de la cámara y además, viendo después el material, encontraba como ese, ese más allá de la representación. Y en el caso, digámoslo, de estos actores, que mi metodología ha sido siempre la improvisación. O sea, de alguna manera yo hago como un pacto con ellos de que vamos a tratar de, de un poco de, de recrear, digámoslo, no sólo, no sólo unas anécdotas, sino unos universos, unos mundos y entonces ellos… Yo al comienzo lo que hago es conversar con ellos muchísimo, unas larguísimas entrevistas para conocerlos y después, cuando me, me, me estoy convencido y, y, y, y estoy seguro de que ellos tienen dentro de sí toda una experiencia, que son capaces, digámoslo, de transmitir una experiencia de vida, entonces ya empezamos a improvisar. Entonces la improvisación también es, es un, una, un pacto también muy interesante, porque de alguna manera ellos no están recordando, memorizando, sino que… Bueno, memorizando en el sentido de la, de la memoria pues directa del papel, sino que están sacando, de alguna manera están reviviendo cosas (…)

 

FERNANDO TRUEBA: Están viviendo.

 

VÍCTOR GAVIRIA: (...) de un mundo… Están viviendo, realmente están viviendo frente a cámara. Y entonces eso, eso obviamente hace que sean a veces titubeantes, que sean, las palabras estén a medio decir, que los gestos también, pero, pero tiene también una cosa muy hermosa, y es que el hecho de estar improvisando, eh, eh, digámoslo, a partir de unas memorias de vida, hace que todo el tiempo sean muy conscientes también del, del otro, de los demás, del testigo y entonces la actuación… Tú ves que uno siempre dice que las actuaciones empiezan a ser buenas cuando uno ve que los actores escuchan a los demás. Entonces, en ese sentido, ellos están como en el centro siempre observando el que llega, el que te habla, el que te dice, entonces hay una, una, una reactualización de las relaciones, eh, sociales, y de, de, de, de, de escucharse unos a otros, de ser conscientes, de ser testigos unos de otros, que me parece que hace que las que… Este tipo de película de realidad pues te, le produzcan al espectador como un sentimiento de verosimilitud, ¿cierto? A pesar de que haya un ruido, digámoslo, que todo esté un poco indeciso, titubeante, pero eso, eso es un signo de que eso es verosímil. 

 

FERNANDO TRUEBA: Sí, pero tú consigues un virtuosismo haciendo eso, que eso que haces es arriesgadísimo y muy difícil. Yo me acuerdo la primera vez que vi La, La vendedora de rosas, que la he visto varias veces y siempre me, me deslumbra. Eh, es que dices: “Las interpretaciones de esta película merecen una especie de Oscar colectivo”, porque es que son, son increíbles todas, ¿no? Entonces yo te pregunto, ¿cuánto…? Por ejemplo, cuando la película, una de estas películas tuyas está acabada, eh, ¿cuánto dirías tú que es el porcentaje de improvisación y cuánto el porcentaje de guión? Si, si lo puedes decir o, o calcular.


VÍCTOR GAVIRIA: [Se ríe] Bueno, sí, no, yo de todas maneras trabajo un guión, trabajo una estructura, sé que comienzo con un relato a veces de pronto un poco improvis… provisional, ajustándose, digámoslo, a unos tiempos de realidad, como, por ejemplo, La vendedora de rosas comienza un 23 de diciembre a las seis de la tarde y termina un 25 de diciembre a las seis de la mañana, más o menos. Entonces son como 36 horas y yo sé que esas 36 horas ya tienen un, una, una… tienen pues un guión, ¿cierto? 

 

FERNANDO TRUEBA: Sí.

 

VÍCTOR GAVIRIA: Tienen un libreto, tienen un libreto social, en el sentido, Fernando, de que por lo menos en Latinoamérica que vivimos la Navidad con tanta emoción, sabemos la víspera del 23, llega el 24 y te sientes ya, miras el cielo y tratas de ver que el 24 llegó. ¿Dónde están los signos de ese, de ese día tan hermoso? Y entonces ya te vas acercando a las 12 de la noche, llega a las 12 de la noche ya la Navidad propiamente y ya pasas 25. Todo eso tiene como un libreto. Entonces, yo de alguna manera (...)

 

FERNANDO TRUEBA: Ya.

 

VÍCTOR GAVIRIA: (...) me, me, me meto en ese libreto de, de… social muy elemental. Y entonces ahí, claro, voy hablando con los muchachos, investigando durante… haciendo entrevistas durante, durante meses, entendiendo cuál es la rutina de ellos, lo que les ocurre, los episodios, las anécdotas y sobre…

 

[Fernando interrumpe]

 

FERNANDO TRUEBA: ¿Cuánto tiempo es eso?

 

VÍCTOR GAVIRIA: No, eso es un tiempo enorme. 

 

FERNANDO TRUEBA: ¿Un año? ¿Un año o…?

 

VÍCTOR GAVIRIA: En el caso, en el caso de La vendedora, fue un año, fue un año. Yo hice como seis meses por mi lado con un equipo mínimo de, de producción que eran un camarógrafo y un sonidista, y hablábamos con ellos todo el día. Cuando llega el productor, que es Erwin Goggel, que ya realmente es el que produce la película como tal. Estuvimos otros seis meses con ellos también y de todas maneras, al final sí se escribe un guión, imagínate que incluso lo habíamos publicado, Fernando. Y incluso cuando tú lo lees, es increíble ese guión siendo, siendo, digámoslo, pues es un guión escrito, obviamente antes del rodaje. [Suena una alarma de reloj] O sea, que no tiene, digámoslo, las contribuciones de las improvisaciones. De todas maneras ves, ves que es el mismo espíritu de la película. Y yo, yo lo que voy es, es, obviamente, como recogiendo las, eh, eh, de las entrevistas y las improvisaciones, pues voy haciendo un guión, a veces un guión, digámoslo, bastante telegráfico, muy elemental, pero de todas maneras en ese guión voy, voy como siguiendo unos conceptos, voy siguiendo unos conceptos que son los que de alguna manera me amarran a mí en estas películas que son casi documentales, me amarran de todas maneras la historia. Como, por ejemplo, La vendedora de rosas, yo en la conversación con ellos durante todos estos meses, yo me voy dando cuenta que, que las alucinaciones de los niños, esas alucinaciones que se dan con ese pegante, digámoslo, para zapatos y pegante que los, que los emborracha y los alucina. Me voy dando cuenta que tienen una lógica y que en general son una lógica en donde ellos tratan como de restablecer los puentes hacia la casa, sobre todo hacia el, hacia un lugar en donde había una persona, digámoslo, que los amaba, en donde había un amor. Entonces me doy cuenta que esas alucinaciones tienen un sentido de deseo, eh, que van, van, van construyendo hacia atrás hasta llegar a lugares en donde existía el hogar y existía la mamita, existía alguien que los amaba. Entonces, si tú ves la película, la película de cuando comienza el principio, que la vendedora, la protagonista, Mónica, empieza a ensacolarse de una manera un poco gratuita e ingenua, ella inmediatamente ve una señora en la calle con un niños. Esa señora voltea hacia cámara y es la misma actriz que luego va aparecer como abuelita y que es la, es el mismo recuerdo, la misma actriz del recuerdo de la abuelita. O sea que como que siempre que ellos se alucinan, siempre aparece algo, un cariño, ¿sí me entendés eso? 

 

FERNANDO TRUEBA: Sí, sí, sí.

 

VÍCTOR GAVIRIA: Eso, digámoslo, el espectador no lo percibe sino los efectos de darse cuenta que esas alucinaciones siempre, casi siempre, te llevan a, a cosas cariñosas, a ella recordarse que la abuelita le servía un chocolate y hacía, hacía con la abuelita como unas, unas bolsitas de papel. En general siempre que, cuando, cuando ella entra al barrio, entonces la Virgen, la, la, la estatua, digámoslo, de la Virgen de yeso, se anima y entonces ahí está la abuelita y que la abuelita la mira y entonces ella le dice “Abuelita, ¿usted dónde estaba, abuelita?”. Bueno, y habla con ella y la voltea y de pronto desaparece nuevamente, pero en general… Entonces eso, esos, eh, eh, eh, Fernando, digámoslo… Y yo voy… Por ejemplo, al final de la película ocurre, si te acuerdas, ocurre que ellos como que en la noche de pronto se, se, se toman unas pastillas y de alguna manera dicen “Bueno, vamos a empezar a jugar, ya no reconozco a nadie, vamos a borrar el cassette, vamos a vivir una noche, digámoslo, automática, sin memoria, sin conciencia, nadie se nos acerque”. Entonces empieza toda una noche en donde caídas, de golpes, de, de cosas erráticas y demás. Y eso, por ejemplo, me he dado yo cuenta de que es un juego que estos niños de la calle, digámoslo, extremada, extrem… con un gran sentido extremo, lo viven, ¿cierto? O sea, no solamente son niños que no tienen, que la vida les ha dado, digámoslo, pues no son importantes para nadie, están viviendo una vida fantasmal y todo eso, pero de alguna manera allá ellos como que duplican eso y viven esa vida fantasmal creada por ellos mismos. Juegan a esa vida de no importarles a nadie y no ser nadie, de ser niño de la calle. Como que juegan a eso, a olvidar la conciencia y entonces eso, por ejemplo, es la última parte de la película y yo soy consciente como de que estoy haciendo eso y de alguna manera estoy, como quien dice, poniendo a jugar a la inexistencia a esos niños que son inexistentes. Entonces, en el guión de alguna manera tiene como unos conceptos, eh… Por ejemplo, el guión, este, la película, si tú miras está toda atravesada por una especie de rebeldía infantil, sobre todo de la niña. La niña es, todo el tiempo están, están, eh, marcando como unos, unos, unas pautas de cambio, de alegría, de, de rebeldía extrema, sobre todo con las mamás. Entonces, por ejemplo, ese elemento, encontrarme a unos niños, sobre todo unas niñas que rompen con las mamás, que las insultan, que les dicen gonorreas, que pelean con ellas por teléfono. Eso para mí entonces es un rasgo fundamental y lo pongo o lo, o atravieso la película todo de ese rasgo, ¿entiendes?

 

FERNANDO TRUEBA: Sí, sí, sí.

 

VÍCTOR GAVIRIA: Entonces obviamente sí hay un guión y…

 

FERNANDO TRUEBA: Claro.

 

VÍCTOR GAVIRIA: Digámoslo, ¿cierto? Digámoslo, yo… Es una forma muy elemental de, Fernando, de construir las películas…

 

FERNANDO TRUEBA: No, no elemental, es que tú tienes tu forma de hacer cine, ¿no?

 

VÍCTOR GAVIRIA: Sí. 

 

FERNANDO TRUEBA: Y, y, claro, el guión es una cosa importantísima si vas a trabajar con actores y los técnicos también y tal. Pero en el proceso que tú haces, el guión es solamente el punto de partida, el guión final es la película y es todo vida. O sea, al no haber actores, o sea, Robert Bresson no trabajaba con actores porque buscaba una especie de verdad esencial, espiritual, y entonces usaba unos personajes, personas que no eran actores, que él llamaba “modelos” a los que no dejaba interpretar, les quitaba toda cosa dramática. Tú no, no les quitas eso. Conviertes a la gente de la calle en actores, vamos, como el mejor actor que puedas ver en la mejor película, [Víctor se ríe] pero a base de, de dejarlos vivir y de saberlo capturar con la cámara y de saber retratar esa vida y que esa vida, apoyándose en el guión, lo lleve a ser una película acabada, ¿no? O sea, es, es un proceso muy tuyo, no voy a decir único, porque a lo mejor hay gente que trabaja en un sentido relativamente próximo o parecido al tuyo, pero para mí el tuyo es único.  Cuando veo tus películas pienso, digo “Aquí es que veo el espíritu de Buñuel, el espíritu de Pasolini, el… hasta ratos el de Bresson, el de Rossellini. Pero, por ejemplo, me pregunto: seguro que para ti una película que ha sido importante es Los olvidados, de Buñuel, ¿no? ¿O no? 

 

VÍCTOR GAVIRIA: ¡Claro que sí, claro! Y, y digámoslo, siempre es inevitable, y no solamente Fernando, lo digo como una película, sino como LA PELÍCULA. 

 

FERNANDO TRUEBA: Ah, sí.

 

VÍCTOR GAVIRIA: Yo creo que para Latinoamérica… ¿sí me entiendes? Yo creo que para los directores latinoamericanos seguramente –no sé las nuevas generaciones que están ya más, más lejanos de Buñuel– pero a nosotros que nos tocó, digámoslo, el último Buñuel y de todas maneras cuando murió Buñuel nos entristecimos mucho. Y cuando sacó su biografía, eh, la… ¿Cómo se llamaba la biografía, Fernado?

 

FERNANDO TRUEBA: El último suspiro, Mi último suspiro.

 

VÍCTOR GAVIRIA: El último suspiro. Claro que nosotros, todos sentimos que, que él decía que le pedía a la muerte, que quería ir a un quiosco de periódicos a leer las últimas noticias y nosotros quisiéramos que Buñuel no hubiera muerto nunca, porque fue muy importante para, para estos directores latinoamericanos que de alguna manera nos enfrentamos a hacer, a pensar que el cine tenía una, una… que podía ser una herramienta para mostrar lo social, lo colectivo, todo ese mundo, digámoslo, un poco a la intemperie que es Latinoamérica. Pero, pero Los olvidados es para mí LA PELÍCULA. ¿Y te digo por qué? Porque a mí me parece que Buñuel hace una cosa que no hacen los neorrealistas, o que de pronto Pasolini sí, sí se lo encuentra, digámoslo, en Accattone. Y es, y es como la maldad, es como, como cierto, cierta cosa oscura, oscura, que está más allá de cualquier explicación sociológica y que, y que yo lo llamo como una, como alteridad, como una especie de cristalizaciones de, de los seres de Latinoamérica que de alguna manera cristalizan en bandidos, cristalizan en, pues en mujeres que creen que la prostitución es un camino, en, en la droga misma, como esas cristalizaciones de, de personas que de alguna manera construyen unas personalidades, digámoslo, por fuera de la convivencia social y que tú los miras desde la convivencia social y te das cuenta de que todos son de alguna manera unas cristalizaciones monstruosas, monstruosas. Entonces Buñuel, Fernando, Buñuel en eso, no es neorrealista, Buñuel en eso, digamos…

 

FERNANDO TRUEBA: No. 

 

VÍCTOR GAVIRIA: Porque Buñuel en eso como que nos mostró unas cosas más profundas todavía. 

 

FERNANDO TRUEBA: Claro. Y además, y además, como buen surrealista, no excluye el sueño de la realidad.

 

VÍCTOR GAVIRIA: Exacto.

 

FERNANDO TRUEBA: Porque el sueño forma tan parte de la realidad como la realidad, sea el sueño nocturno o el sueño diurno, o el sueño inducido por drogas o por lo que sea. 

 

VÍCTOR GAVIRIA: Y en el fondo, en el fondo, eso que yo te digo que es la alteridad, pues que, que es como quien dice, una forma de estar, eh, eh, eh, como de normalizar cierta anti sociedad, cierta, cierta cosa, digamos, impropia, como una, como una existencia de Frankestein de pedazos. Unas personalidades que se hacen de pedazos, que son los pedazos del sueño. O sea, (...)

 

FERNANDO TRUEBA: Claro.

 

VÍCTOR GAVIRIA: (...) obviamente esos personajes del sueño son, ¿cierto? Como dice Freud, son condensaciones de esto y aquello y aparece tu papá que con cara de tu hermano, o con cara tuya, o con cara de un amigo, porque son igualmente como esos, como esos arr… Como la, el sueño, logra condensar esas imágenes como en la realidad, estas realidades, digámoslo incompletas de, de la, de la, de la exclusión, ¿cierto? O sea, me acabas de dar, me acabas de hacer entender eso, Fernando, nunca lo había entendido, porque el sueño, porque estas, estas películas se construyen o estos relatos se construyen como los sueños también.

 

  • Fragmento película

 

FRAGMENTO DE LA VENDEDORA DE ROSAS

-Yo a usted la quiero mucho, ¿usted por qué se fue de la casa?

-Usted me pegaba mucho

-No, yo no le voy a volver a pegar. ¿O es que usted cree que yo le tengo bronca a usted?

-Usted me tiene mucha bronca
-No, yo a usted no le tengo bronca, mi amor. Yo a usted la quiero mucho. ¿Cómo no la voy a querer? ¿No ve que es la hija mayor mía?

-¿Me va a pegar por los patines?
-No, pero qué importa. Si ya los vendió, ya no vamos a pensar en eso. Después yo le puedo comprar otros patines a su hermanita…
-¿Y a mí no?

-Pues a usted también le compro otros patines. Pero ahora estamos en Navidad, pasemos bien bueno. No se ponga triste por eso. 

  • VOZ MUBI:
  • Acabamos de escuchar un fragmento de La vendedora de rosas, de Víctor Gaviria
  • Retoman la conversación

 

VÍCTOR GAVIRIA: Yo en cierto sentido, Fernando, yo, yo como que ese nuevo cine colombiano y latinoamericano que he estado viendo, en cierto sentido, eh, que va contra la narración, que es un cine, digámoslo, distinto al que yo aprendí en mi generación, que era más referencial, en donde nosotros de alguna manera queríamos, creíamos que lo que ocurría en el país podía ser también el fruto de pues convertirse en guiones y en películas. Ahora es un cine, es un cine como, como te decía ahora, experiencial, en donde…

 

FERNANDO TRUEBA: Sí, más…

 

VÍCTOR GAVIRIA: No sé si…

 

FERNANDO TRUEBA: Menos narrativo.

 

VÍCTOR GAVIRIA: ¡Menos narrativo! Y yo no sé si eso… A mí me ha cuestionado, un poco me ha movido el piso, porque–O converso con estos muchachos y demás, y ellos, por ejemplo, señalan el cine de nuestra generación como un cine muy admirativo por los victimarios, por esa, por ese poder, digámoslo. En el caso pues de Colombia, de esas mafias, de esos capos. Y en general, eh, lo señalan a uno como un cine de poca sensibilidad con las víctimas, entonces como este es un país, ¿has visto? No sé, Fernando… 

 

FERNANDO TRUEBA: Pues, en tu caso no lo entiendo, que alguien pueda decir eso, no creo que contigo lo diga. 

 

VÍCTOR GAVIRIA: [Se ríe] Pero mira que, por ejemplo, Rodrigo D: No futuro, que fue la primer, el primer largo que yo hice, y que salió en el 90 y todo eso, y que me abrió, digámoslo, como esta brecha de este cine de actores naturales, pues de todas maneras, si tú te pones a ver, es una película donde hay unos, hay unos músicos, hay un, un punkero que quiere una batería y que es un hombre, digámoslo, de paz, un hombre pues de convivencia y todo eso, pero está rodeado de unos, de unos, de unos muchachos que son todos bandidos y que son ladrones y que están en una situación, digámoslo, de guerra con el mundo, porque están con ganas de tener unas armas para hacer sus diabluras, sus travesuras y que, y que ya como que le apostaron a la violencia. Entonces para mí estos muchachos siempre eran víctimas, ¿cierto? Para mí eran unas víctimas, digámoslo, mucho más, más contundentes que otras, eran precisamente las víctimas. El hecho de haber sido empujados, digámoslo, a esa guerra social, a esa especie de falta de compasión, de falta de humanidad, porque nada es peor, Fernando, que unos seres y una comunidad en donde la gente ha perdido, digámoslo, la compasión, la humanidad, capaces de, de, de manipular al otro, de maltratarlo, de robarlo, hasta de matarlo. Esa pérdida de la condición humana es, es muy triste. Y yo siempre he pensado que ese es, por lo menos yo siempre quisiera hacer de eso un tema. O sea, voy a tratar este tema, pero en el fondo lo que voy a tratar es por qué se perdió esa condición de humanidad, quién la hizo perder, esa pobreza tan brutal en la que hemos entrado pues estas sociedades latinoamericanas, ¿no?

 

FERNANDO TRUEBA: Hay una escritora ya muerta, inglesa, que a mí me gusta mucho, que es Iris Murdock, que también era filósofa, y que Iris Murdock, es el tema de ella como filósofa o uno de los temas principales es el, es el tema de moral, ¿no Y el tema del mal, ¿no? Que ella está muy influida por Simone Weil, esa pensadora francesa que murió después de la Segunda Guerra. Y entonces, que decía cómo el mal se expande, ¿no? Como, cómo es como una especie de, de que el que lo sufre, muchas veces en vez de luchar por arreglarlo, lo que hace es más, a veces reproducirlo o que otro lo comparta el mal o pasárselo a otro, ¿no? O sea, en el fondo… Y, y, y, y como si el poder y, y los que son los culpables de esas desigualdades tan, tan brutales y de esa injusticia tan brutal, esto les viniera muy bien, ¿no? O sea, que el mal fuera una cosa que pasa en el submundo, ¿no? Y que se extiende por allí como en una cloaca, ¿no? 

 

VÍCTOR GAVIRIA: El mal es una pregunta que uno se hace constantemente y, y me parece a mí que, que es un momento, digámoslo, muy desafortunado y muy, muy de fracaso, digámoslo, cuando un personaje cae por su vida, cae en esos, en esa, en esos, qué te digo yo, como ejercicios de, de, de maltratar al otro, de ser capaz de maltratarlo bien porque lo convierta como en una, en una forma de, de, de conseguir sustento y como una forma económica, ¿cierto? Pero como esa especie de, qué te digo yo, de, de, de insensibilidad, de incapacidad de ver al otro como una persona que puede… pues, a la que vas a hacer sufrir. O sea, esa, esa pobreza de espíritu a la que llegan algunas personas que, que son capaces de, sí, de manipular, de maltratar. Eso me parece a mí siempre un enigma increíble y, y siempre como una manifestación de, en donde tú tienes que subrayar y decir “Qué, qué, qué desgracia esto, ¿cómo hemos llegado a esto?”. Hemos llegado, digámoslo, a esta pobreza. Y contrario a todo eso, pues yo siempre he querido, Fernando, en mis películas, de todas maneras, con estos personajes que están de alguna manera, como te decía, como cristalizados en ciertas formas antisociales, de todas maneras, mostrar, mostrar esa vida cotidiana que está hecha de pequeños ritos, de pequeñas consideraciones, de pequeños acuerdos con los demás, de conversaciones, de consideraciones por el otro que es lo que atenúa el mal, que atenúa, digámoslo, esa insensibilidad, ¿cierto? Pues el arte lo que nos muestra, Fernando, ¿cierto? Que tú lo sabes más que nadie, es que esa, esa construcción de humanidad es… hay que, hay que levantarse a construirla todos los días, todos los días hay que construirla, construir pues como la compasión, la bondad, todo eso hay que, hay que estar todos los días. Como nos decía el padre Roux, que fue como el director de la Comisión de la Verdad, nos decía que lo único… Porque yo le pregunté en algún momento a él, cuando él hablaba de los falsos positivos, porque ellos fueron, en parte, los de la Comisión de la Verdad, el que dio un informe sobre eso, yo le decía que, que qué decepción, que, que, que, sí, cómo, cómo podíamos volver a encontrar, digámoslo, una comunidad con espíritu. Entonces él me contestó, nos contestó allá en jardín, nos dijo que lo único que restituía el espíritu era la dignidad. O sea, la dignidad propia, el concederle a los demás la dignidad, el tratar a la gente, digámoslo, con respeto, ¿cierto? Entender que los demás… tienes, tienes, tienes que, tienen una dignidad que tienes que respetar. En estas audiencias de reconocimiento que son tan duras y que en cierto sentido, ¿no? Uno quisiera como prácticamente juzgar a esos militares, como prácticamente írseles encima a, a, a pegarles, ¿sí me entendés? A, a, a estrujarlos porque no puede uno admitir tanta maldad, pero uno en cierto sentido reconoce que ellos hacen eso y lo hacen seguramente, no sé por qué, digámoslo, en momentos subjetivos tan oscuros pasarán, pero lo hacen eso porque ellos tienen que reconocer la dignidad de estos muchachos. Y les dicen a las mamás “Quiero decirle, señora Fulanita de tal, que su hijo no era un delincuente, que su hijo no era una persona que… su hijo era una persona buena”. Y entonces, al restituir esa dignidad de las víctimas y el mismo victimario al reconocerle esa dignidad, y en cierto sentido reconocer que había una dignidad que los cubre a todos, como que hay la posibilidad de que el espíritu surja, surja un espíritu desaparecido. No sé, yo creo que uno, las películas debería como hacer eso cualquiera fuera el tema, pero sobre todo, digámoslo, que, que… Tú me decías ahora que en estas películas que yo he hecho, tan pocas y demás. Lo que sería interesante es que a pesar de lo que ocurra, uno sienta simpatía por esos personajes. ¿Qué quiere decir que, que uno sienta simpatía? Que de alguna manera, eh, eh, esos personajes le lleguen al corazón a uno, quiere decir que uno… 

 

FERNANDO TRUEBA: Sí, sí.

 

VÍCTOR GAVIRIA: Les ha puesto en la dignidad, o sea, los está filmando…

 

FERNANDO TRUEBA: Sí.

 

VÍCTOR GAVIRIA: Mira, mira La vendedora de rosas, esos niños tan locos, tan atravesados, tan, tan trastabillantes y todo eso. Uno, uno dice… 

 

FERNANDO TRUEBA: Pero los, los quieres, tienes (...)

 

VÍCTOR GAVIRIA: ¡Los quieres!

 

FERNANDO TRUEBA: (...) compasión por ellos. 

 

VÍCTOR GAVIRIA: Exacto. Y creo que porque lo… el grupo de, de cineastas que estuvimos ahí al lado de ellos, los respetábamos, los queríamos, eran para nosotros sagrados, como son todos los niños, ¿cierto? Como un poco esa, esa, esa actitud de dignidad, ¿cierto? 

 

FERNANDO TRUEBA: No, el cine es muchas cosas. Una es… lo que tú haces es una y quizá la más valiente de todas, ¿no? 

 

VÍCTOR GAVIRIA: No, pero es, son muchas cosas. Oye, oye, Fernando, yo quiero comprometerte aquí personalmente a que el año entrante hagamos el festival de nosotros de Jardín contigo, que sea la comedia el centro de eso, que te acuerdas que hemos tenido siempre ese sueño de hacer la comedia italiana y que pudiéramos hacerlo, ¿no te parece, Fernando? 

 

FERNANDO TRUEBA: Venga, hagámoslo.

 

VÍCTOR GAVIRIA: Hagámoslo, hombre. 

 

FERNANDO TRUEBA: Hagamos lo de la comedia italiana.

 

VÍCTOR GAVIRIA: Sí.

 

FERNANDO TRUEBA: Cuenta con la selección. 

 

VÍCTOR GAVIRIA: Y para tenerte por aquí un rato, hermano, apenas termines todas estas…

 

FERNANDO TRUEBA: Pues hagámoslo.  Echo de menos Medellín. 

 

VÍCTOR GAVIRIA: Para tenerte por acá de nuevo. 

 

FERNANDO TRUEBA: Y a, y a los amigos de allí.

 

VÍCTOR GAVIRIA: Ajá. Todos te recordamos mucho, nos haces mucha falta, hombre. De verdad, escucharte. 

 

FERNANDO TRUEBA: Bueno, llamémosnos… Ahora supongo que aquí tienen ya que cortar y todo esto, llamémosnos nosotros. 

 

VÍCTOR GAVIRIA: Bueno, quedamos en eso…

 

FERNANDO TRUEBA: Por Skype o lo que sea, ¿vale? 

 

VÍCTOR GAVIRIA: Buena, listo. 

 

FERNANDO TRUEBA: Venga.

 

VÍCTOR GAVIRIA: Fernando, un gusto verte como siempre, hombre. Muchas gracias. 

 

FERNANDO TRUEBA: Lo mismo. Un gran abrazo.

 

  • [Corte musical para marcar fin de la conversación y escuchar la despedida entre ambos]
  • Sonido de que se acaba el segundo rollo/carrete como en proyecciones análogas
  • ID DE CIERRE 

ENCUENTROS, un podcast de MUBI en español. La plataforma de cine seleccionado a mano.

  • ANUNCIO (1min) (CON MÚSICA)

 Escucha otros episodios de nuestra quinta temporada de: Encuentros de MUBI Podcast con Natalia López Gallardo, Teddy Williams, Laura Huertas Millán, Lois Patiño, María Alché, Elena López Riera, Luis López Carrasco y Marcelo Martinessi

  • CRÉDITOS (Voz Elvis):

 

Esto fue ENCUENTROS de MUBI Podcast, con la participación de Víctor Gaviria y Fernando Trueba

 

Idea: Efe Cakarel, Sandra Gómez, Jon Barrenechea y Ricardo Giraldo

 

Producción: Ricardo Giraldo y Fernando Peña

 

Productores ejecutivos: Efe Cakarel, Sandra Gómez, Jon Barrenechea, Diego Luna y Gael García Bernal

 

Investigación, guion y transcripciones: Andrés Suárez

 

Apoyo en guion y transcripciones: Fernando Peña

 

Coordinación de invitados: Mónica Pérez

 

Edición y música original: Andrés Solís

 

Voz: Elvira Liceaga

 

Marketing y comunicación: Sofía Chacón y Fabiola Quintero

 

Grabación de Víctor Gaviria en Colombia: Juan Pablo Patiño

 

Grabación de Fernando Trueba en España: David de la Fuente en Robin Groove Estudio

 

Gracias a Nerea Aizpurua 

 

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