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Entrevista con Rebeca Lane

Rebeca Lane es una socióloga, poeta y rapera feminista anarquista originaria de Guatemala. A lo largo de su carrera se ha enfocado en utilizar la poesía, el teatro, el rap y sus escritos como un ejercicio de protesta y de memoria. En La advertencia contamos con dos de sus canciones para musicalizar este podcast. A través de un videochat, tuvimos la oportunidad de sentarnos con ella para hablar acerca de su vida, su carrera, de la historia de Guatemala y del futuro del país.

 

Esta entrevista fue editada por temas de duración y claridad.

 

Tú naciste en 1984, un año después de que se perpetuara el genocidio contra la población maya Ixil. ¿Cuál es tu primer recuerdo de Guatemala? Ese recuerdo en el que hiciste consciente que el país en el que estabas viviendo era tu país y que la gente que te rodeaba era tu gente.

 

Eso fue hasta 1996. La hermana de mi papá perteneció a una agrupación guerrillera, fue detenida y desaparecida en 1982. Mientras crecía, la figura de mi tía era una figura de ausencia pero también de silencio porque nunca se hablaba en la familia de qué era lo que había pasado. Nos decían “es que su tía vive en Estados Unidos y por eso no la conocen”. A mí me pusieron exactamente el mismo nombre de mi tía, Rebeca Eunice Vargas. Ella se llamaba Rebeca Eunice Vargas Braghiroli y yo me llamo Rebeca Eunice Vargas Tamayac. Había un constante sentimiento, para mí personalmente, de compararme todo el tiempo con ella. Yo escribía poesía desde pequeñita y me decían “ay, igual que tu tía” y cualquier cosa “ay, igual que tu tía”, todo “igual que tu tía”. De alguna forma yo siento que con el nombre que me pusieron fue una manera de sostener su memoria.

Yo no era consciente de eso hasta que se firman los Acuerdos de Paz, un 29 de diciembre, que justamente era el día en que mi tía Rebeca cumplía años. Para mi abuela fue muy triste, yo nunca la había visto llorar tanto. Ella decía “es que son unos traidores”. Emocionalmente fue un impacto muy duro y ese día, ya con doce años, fue que me enteré que en Guatemala había guerra, que mi tía había sido desaparecida, que el 29 de diciembre era su cumpleaños y que mi abuela pensaba que la firma de los Acuerdos de Paz eran una traición de los mandos guerrilleros hacia todas las personas como ella que habían perdido a su familia.

Para mí fue muy impactante ver las imágenes de la guerrilla en la televisión. Recuerdo que estaban en el parque y que gritaban “¡U, R, N, G!”. Eso es lo que más recuerdo. Yo preguntaba “¿qué están gritando? ¿qué están diciendo?” y me dijeron “U.R.N.G.” y yo “¿qué es eso?” En ese momento me fui a la biblioteca del colegio y me puse a investigar qué era U.R.N.G. Empecé a investigar, a leer, empecé a empaparme de la historia de Guatemala y ahí también empezó mi inclinación hacia la investigación social porque luego en la universidad estudié sociología. Fue precisamente la firma de los Acuerdos de Paz lo que me hizo ser consciente de qué era ser parte de este país, la historia de guerra que había y también la historia familiar y el dolor que eso y el silencio acarreaban.

 

Entonces, ¿dirías que durante la firma de los Acuerdos de Paz, ese 29 de diciembre, fue tu despertar político?

 

Sí. Tanto mi papá como mi mamá siempre tuvieron mucha participación política. Mi mamá me cuenta que iba a todas las manifestaciones que había, incluso recibió gases lacrimógenos y todo. Estudió en un colegio que quedaba en el centro de la ciudad, que fue donde luego yo estudié. Al estar en el centro el acontecer político era cotidiano. Incluso recuerdo cuando habían golpes de Estado cómo se oían las sirenas en la ciudad y te tenías que ir a tu casa. Después de la desaparición de mi tía, ellos decidieron salirse de la vista pública porque ellos también estaban en riesgo.
Quizá no me decían “mira, acá en Guatemala hay guerra” pero siempre nos explicaron por qué en Guatemala había desigualdad y por qué nosotros teníamos que luchar por justicia. Si bien a los doce años ese fue mi despertar político, yo creo que recibí formación política desde pequeña, tanto con la literatura a la que tenía acceso como con la música. Crecí escuchando música que en Guatemala estaba prohibida. Mi canción favorita a los siete años era “Ojalá” de Silvio Rodríguez. Entonces sí, sí era pequeña pero no era ajena a las cosas que estaban pasando.

 

Tú tenías doce años, tenías mucha información, tenías música que era prohibida en Guatemala, ¿cómo te relacionabas con la gente de tu edad? ¿Qué información tenían ellos comparada con la que tú tenías? ¿Cuál era el contraste entre tu generación y la información que tenían y tú y la información que tenías?

 

Creo que a los doce años fue más evidente esa diferencia entre el ambiente en el que crecí y mi realidad familiar. Yo crecí en un colegio privado donde la mayoría eran clase media, yo venía de una clase media más baja. De alguna forma desperté muy pronto, tal vez no tuve una niñez típica. Por ejemplo, en primero o segundo básico, cuando todas mis amigas salían a discotecas a emborracharse, yo me iba a conciertos de rock. Aquí el movimiento del rock en los 90 fue un movimiento cultural de jóvenes urbanos que empezaron a hablar acerca de la paz. Era desde la música, la poesía y el teatro.

Y esos conciertos a los que ibas, ¿eran más del ambiente underground? Es que aquí en México hubo una época en la que los conciertos estaban prohibidos y se da el fenómeno de los hoyos funky. Esta época del rock de los 90 en Guatemala, ¿se da más o menos en el mismo contexto de prohibicionismo? O, ¿era algo mucho más a la luz de la sociedad?

Fíjate que esto sí era mucho más a la luz porque también mucho del discurso era pacifista y no era abiertamente político. Era “queremos paz, queremos ser jóvenes y expresarnos”, era muy del yo. Yo no diría que era un fenómeno politizado pero sí era un fenómeno político porque los jóvenes de generaciones anteriores no habían tenido esa oportunidad. Los jóvenes de la generación de mi papá y de mi mamá no tuvieron la oportunidad de ir a un concierto, de participar. En los 80 si tú eras parte del comité de un periódico estudiantil te desaparecían. No podías hacer nada como joven. No te podías organizar de ninguna forma, esto estaba absolutamente criminalizado. Entonces este movimiento de rock empieza de alguna forma underground. De hecho, hubo algunos conciertos donde sí hubo balaceras por parte del ejército, de la policía hacia la gente que estaba en los conciertos; porque te digo, era gente que se vestía alternativo, gente que fumaba mariguana, gente que estaba en la movida de la poesía, que estaba apostándole a un arte un poco más retador.

Era súper interesante porque toda la convocatoria era a través de la radio, no había nada de redes sociales como ahora. Entonces a través de la radio se decía “este fin de semana hay un toque de La Tona, de Viernes Verde y de Bohemia Suburbana, van a tal lugar”, y vos llegabas y había cinco mil o diez mil personas. Cuando las marcas empezaron a ver que este fenómeno jalaba mucha gente, todos le empezaron a meter mucha plata y ahí también hubo mucha despolitización.

 

O sea que ahí ya fue cuando se volvió parte del mainstream. Si bien no era un movimiento no politizado seguía siendo político pero ya ante los ojos de todo Guatemala.

 

Sí, exacto. Y de hecho en los grandes festivales de música que hay hoy en Guatemala siguen cantando las mismas bandas que cantaban en los 90. Aquí hay un consumo cultural muy de la nostalgia, es lo que la gente sigue consumiendo y lo que la gente sigue escuchando. De alguna forma creo que se quedó por ahí estancado el consumo cultural. Estos festivales de los que te hablo están financiados por marcas de cerveza, entonces están absolutamente despolitizados. Cuando firman sus contratos se les exige que no hablen de cosas políticas. De repente por ahí hay una o dos canciones que hablan… Por ejemplo, hay una banda con mucha trayectoria musical que tiene una canción que dice “todo se pagará, todo se pagará, en esta vida todo se pagará” y es una canción que ellos dedicaron a los políticos pero en ninguna parte de la canción vas a escuchar que esto está dedicado a ellos. Esta banda también tiene otra rola que es sobre la masacre de Las Dos Erres pero tampoco en ninguna parte de la canción explícitamente están hablando ni de una masacre ni del territorio. Si hablan de temas políticos lo tienen que maquillar muchísimo porque por sus contratos no lo pueden hacer.

 

Supongo que el planteamiento de los músicos es mucho más poético. No tiene que decir necesariamente “Las Dos Erres” o hablar de la masacre, la gente con escuchar ciertas palabras ya lo relaciona directamente con lo que está detrás de lo que el artista está diciendo, ¿no?

 

Yo creo que lastimosamente no. Durante los años de la guerra hubo grupos de música que tenían un discurso político directo o poético como Kin Lalat, Canto General o La Estudiantina de la USAC. Muchos de estos grupos tuvieron que hacerse en el exilio o articular su discurso con mucha cautela por el nivel de represión que había. Y luego, ya con el rap y el Hip Hop, es que nuevamente la música más politizada empieza a surgir.

 

Hace un momento mencionabas que hay un estancamiento del consumo cultural guatemalteco. ¿Aquí te refieres a la música y al arte en general? O, ¿más al arte contestatario, al arte anarquista y al arte consciente?

 

No, yo creo que aquí en Guatemala hay muy poco arte rupturista. Hay muy poco arte consciente, anarquista, rebelde. Mucho de este arte está siendo realizado por personas activistas y no tanto por artistas. Yo creo que Guatemala es un país donde tristemente la contrarrevolución ganó en algo fundamental, más allá de lo armado, y es en lo ideológico. La gente en Guatemala, hoy por hoy, es en su mayoría de derecha, conservadora, cristiana y pro neoliberalismo.

En Guatemala hay veintitrés comunidades etnolingüísticas. Por ponerte un ejemplo, el k’iche se habla en varios departamentos pero las comunidades que hablan k’iche tienen su propia identidad regional. No es lo mismo ser de Quetzaltenango que ser de Santa Cruz del Quiché aunque hablen el mismo idioma. Estas identidades locales vinculadas, al ser parte de un pueblo originario, son muy distintas al imaginario del guatemalteco, del “chapín”, que es como el mestizo. Esta cultura habla mucho de unidad nacional. Aquí salen movimientos como “guateámala”, de “aquí todos creemos en la paz y si tu cambias todo va a cambiar”, entonces sí quiero hacer esa diferencia porque es muy distinta la conciencia colectiva y comunitaria que existe en los pueblos originarios, que son la mayoría del país. Es muy difícil que con estas condiciones puedan salir expresiones artísticas que sean más políticas, que sean más contestatarias y que tengan un apoyo. Aquí los que estamos teniendo algún tipo de discurso político estamos en riesgo.

 

Entonces varía mucho el tipo de arte dependiendo del departamento donde se reproduzca, pueden tener muchas cosas en común como el idioma pero la manera de expresarse cambia.

 

Sí. Te voy a hablar de un grupo que se llama Sotz’il. Ellos son de Sololá y son un grupo de teatro que ha trabajado mucho en la recuperación de textos, instrumentos y música previo a la conquista. Mucho del arte que existe ahora, digamos folclórico, se ha convertido en arte folclórico porque sea folclorizado a partir del Estado. Es reproducido en comunidades originarias pero tiene un origen colonial.

Hay varios lugares donde sí se ha mantenido este otro tipo de expresiones artísticas. Por ejemplo, en comunidades achíes de Baja Verapaz tienen un tipo de marimba que no es una marimba melódica como la que se ha folclorizado aquí. No tiene ningún tipo de melodía a como estamos acostumbrados. Es música ceremonial, que si la escuchas, quizá a nuestro oído occidentalizado, no va a escucharse agradable. En el caso de Sotz’il, uno de los precursores de este grupo, Lisandro Guarcax, fue asesinado…

 

¿Por qué fue asesinado?

 

No está claro por qué. Estamos en un país donde hay un 98% de impunidad. Los niveles de impunidad no te permiten saber exactamente por qué. El grupo Sotz’il estaba trabajando a nivel comunitario en la recuperación de esto. Por ejemplo, el caso de Domingo Choc, que hace dos meses fue quemado en una comunidad en Petén porque fue acusado de brujería cuando él estaba trabajando en toda la recuperación y en crear un jardín botánico de plantas medicinales originarias.

A partir de la colonización ha habido mucha alienación de los conocimientos tradicionales. Las comunidades cristianas les dicen a las comunidades originarias que, tanto su conocimiento ancestral como sus prácticas religiosas, son del demonio. Por ejemplo, sectas evangélicas pentecostales entraron a Guatemala a partir del genocidio y fueron estos gobiernos militares los que les dieron entrada. Hay una tensión constante. No quiere decir que no hayan esfuerzos de hacer arte más desde la autonomía, desde la anti colonialidad, pero en los pueblos estos mismos jóvenes muchas veces son perseguidos, no solo por el Estado o por grupos paralelos de poder, sino por sus propias comunidades donde ya ha permeado mucho un pensamiento bastante conservador.

 

Justo esta mentalidad de evangelización y de satanizar las artes originarias, los instrumentos y las plantas medicinales que llega durante el genocidio es un arma de doble filo porque la gente que quiere desprenderse de este pensamiento ya es juzgada por su mismo círculo, por su misma gente.

 

Sí, sí, sí. Justo cuando fue el asesinato del tata Domingo Choc se habló mucho de “eso no es racismo porque entre ellos mismos se mataron”. Hay una visión muy racista respecto a lo que ellos llaman “castigo maya”, que es una forma de escarnio público que no tiene nada que ver con la cosmovisión maya pero sí tiene que ver con el legado que dejó la militarización de las comunidades. Además del genocidio hubo otro polo que fue creado precisamente en los gobiernos del 80 al 82 que se llamaban “polos de desarrollo” o “fusiles de frijoles”. Eran programas de militarización de comunidades para crear aldeas libres de guerrilleros y estaban totalmente dominadas por el ejército. Estas prácticas que se insertan dentro de las comunidades refuerzan este tipo de comportamiento represor.

Es una consecuencia de la militarización y del racismo, no de “entre ellos se están matando, entre ellos se están haciendo daño y por eso esto no es racismo”. Este tipo de pensamiento fue estratégicamente puesto dentro de las poblaciones originarias para desmovilizar políticamente los pueblos que se estaban levantando. Los pueblos originarios han tenido todo un cuerpo de conocimiento, de “cosmocimiento”, porque no es solo conocimiento, sino también espiritualidad anticolonial y que estaba, por lo tanto, en contra de cualquier tipo de organización estatal.

 

Hablando más de tu carrera, me dijiste que empezaste a escribir poesía desde muy pequeña pero, ¿a qué edad empezaste a rapear? ¿Cómo empezaste a rapear? ¿Cómo te adentraste en el mundo del Hip-Hop?

 

Tenía veintiocho años cuando empecé a hacer rap. Lo que ocurrió fue que cuando yo era más niña y adolescente me llegaron a comparar tanto con mi tía que hubo muchos años donde dejé de escribir, simplemente se me fue la inspiración. A eso de los veintiuno-veintidós años empecé a escribir con el seudónimo de Miss Penny Lane. Abrí un blog, empecé a escribir allí y eso me liberó muchísimo porque empecé a escribir yo auténticamente. Ya no era la voz de mi familia, no era la voz de mi tía, ya no eran las expectativas de que tenía que escribir sobre conciencia social y todo eso.

Cuando vienes de una familia con cierto tipo de formación marxista-leninista siempre existe esa onda de culpabilizar a la gente por “ser pequeño burgués porque el arte tiene que ser contestatario”. Hay una expectativa de que “se tiene que estar a la altura de la moralidad revolucionaria”. A partir de empezar a escribir como Miss Penny Lane ya no sentía la presión ni de agradar a mi familia, ni de agradar a nadie. Empecé a escribir cómo era mi camino en ese momento.

Yo no me nombraba, o tal vez sí, feminista. No tenía mucho conocimiento acerca del feminismo. Yo era una chava que venía de un colegio cristiano. Había pasado por un proceso de activismo a veces culpabilizante en muchas cosas, bastante machista y también muy cuadrado. Aunque estuviéramos en movimientos anarquistas anti-imperialistas, las voces de los hombres siempre eran mucho más escuchadas que las voces de las mujeres.

 

Y, ¿en qué momento decidiste dedicarte a rapear y a utilizar el Hip-Hop como un ejercicio de memoria y, sobre todo, un ejercicio de protesta?

 

Terminé mis estudios en la universidad y me sacaron de un trabajo en el que estuve bastantes años. Una de las razones principales por las que me sacaron fue porque hice una denuncia de acoso sexual en contra de una de las vacas sagradas de las instituciones de investigaciones sociales y me quedé un poco a la deriva. Empecé a escribir y a conseguir trabajos muy esporádicos en mercadotécnica. No tenía nada que ver con lo que a mí me interesaba pero finalmente aprendí muchísimo de lo que sé y aplico hoy en términos de manejar mi carrera. Trabajaba dos-tres proyectos que me daban bastante plata y agarraba todo ese dinero y me iba un mes por toda Centroamérica o México a cantar. Me iba a cantar y a dar talleres.

Desde el 2013 empecé a hacer esto y fue muy intuitivo. Siento que esto era parte de mi camino a pesar de que yo nunca en mi vida pensé en hacer esto. A los veintiocho años, ya con mi carrera, tenía planificado sacar una maestría, irme de Guatemala como pudiera, seguir estudiando ciencias sociales y especializarme en estudios culturales que era lo que a mí me interesaba y me interesa todavía. Al empezar a cantar llegó un momento en el que la gente me empezó a buscar tanto que ya no tuve que buscar ningún trabajo de otra cosa.

Ya en el 2014-2015 estaba de lleno viviendo directamente de la música. Fue bien loco porque, como te digo, no es que yo lo haya planificado, simplemente pasó. En el camino fui encontrando qué herramientas podía utilizar porque soy educadora, siempre tuve muchos trabajos vinculados a la comunicación alternativa y a la educación popular. Por eso creí que era importante no solo ir a dar conciertos, sino hacer talleres, organizar espacios de encuentros para mujeres y conocer dónde están las mujeres que están dedicándose al Hip-Hop a cualquier lugar al que vaya. Propiciaba que nos reuniéramos, que nos habláramos, que nos platicáramos y de ahí salieron varias iniciativas. Todo nació de la pura curiosidad y la pura intuición, de “cómo puedo aplicar todos estos conocimientos que tengo para seguir viviendo de viajar, compartir, cantar y crear procesos educativos de formación”.

 

En este momento en el que empiezas a trabajar en marketing y empiezas a hacer estos viajes, ¿es cuando fundas «Somos Guerreras»?

 

Sí, de hecho creció en el camino porque alguien me dijo “bueno, a todo este trabajo que estás haciendo hay que ponerle un nombre”. Y yo como “ay , ¿cómo se llama? Le voy a poner Somos Guerreras”.

 

Dijiste que hubo un momento en el que a los veintiocho, o antes de los veintiocho, querías irte de Guatemala. ¿Hoy en día te gustaría irte de Guatemala o ya te quieres quedar?

 

Siempre me dan ganas de irme de Guatemala pero nunca me voy, esa es la realidad. Me voy y viajo muchos meses pero siempre regreso aquí. Hay una canción que se llama “Quisiera olvidarme de tu nombre” que escribí sobre esa relación conflictiva que tengo con el país. De alguna forma es como “me quiero ir de aquí, odio estar aquí, odio esta sociedad conservadora pro militar y de derecha, no siento que yo sea parte de esta sociedad, me siento a disgusto acerca de todo lo que ser guatemalteco significa en términos nacionalistas pero por otra parte también este es mi territorio, aquí está la gente que amo, aquí están las razones por las que sigo luchando y por las que creo que vale la pena transformar el mundo”. Es como una relación conflictiva, una relación amorosa un poco tóxica la que tengo con el país. Me encantaría poder irme y olvidarme de tu nombre, que es lo que dice la canción; pero a la vez, a donde voy, siempre hablo de Guatemala y siempre hablo de las luchas que tenemos acá y de lo que estamos haciendo. Lo hablo desde el amor y desde el enojo porque creo que si realmente no amara este territorio me sería indiferente lo que está pasando.

 

Te entiendo perfectamente en ese sentido, Rebeca, me pasa lo mismo con México.

 

Sí, es que los países latinoamericanos tenemos historias y realidades tan violentas que de repente no está en nuestras manos, sino en las manos de los políticos y los presidentes. Uno de verdad quisiera irse a la mierda y decir “ya no quiero saber nada de este lugar” pero a la vez amas el territorio en el que estás. No soy nacionalista, no te voy a decir que amo Guatemala porque ese es el nombre del país. Yo amo mi territorio y todo lo que es ser de acá.

Creo que hasta la fecha, por todo lo que ha pasado en la historia reciente de Guatemala – tanto el conflicto armado, como el genocidio, la lucha contra la impunidad y la salida de la la CICIG – han dejado heridas muy profundas en el pueblo guatemalteco. ¿Qué crees que se necesita para sanar estas heridas? No olvidar pero cambiar la página y seguir adelante, reforzados, con un norte más claro.

 

Uffa, mira qué difícil. Yo pienso que una de las principales cosas que hacen falta aquí es justicia y reparación por todas las violaciones a los derechos humanos durante la guerra. Muchas de las heridas que tenemos acá tienen que ver con la guerra y con cómo tantas comunidades fueron masacradas y desplazadas, y los culpables siguen ahí afuera libres.

 

Otto Pérez Molina, por ejemplo, que fue el presidente que salió por estas investigaciones de defraudación aduanera. Recuerdo que escribí hasta un poema sobre eso. Yo estaba indignada porque mucha gente peleó durante años para que los militares dejaran de estar en el gobierno; todo esto, para que la ciudadanía voluntariamente fuera a una urna y votara por ellos. Eso tiene que ver con esas heridas profundas que tenemos.

Muchos de estos partidos siguen ganando. Como el F.R.G., donde estaba Ríos Montt, que sostenía dinámicas de amenazas en los territorios y la gente les votaba por eso, por el miedo. Aquí se han instalado una serie de significados importantes. Por ponerte un ejemplo, durante el gobierno de Jimmy Morales, presidente quien expulsó a la CICIG, hizo una conferencia de prensa diciendo “Iván Velázquez es declarado como non grato”, y pone una canción de marimba antes que empiece esa conferencia, esa canción de marimba es la canción que se ponía cuando había golpes de Estado. Luego aparece él con ochenta militares detrás, entonces claro que todo esto activa los miedos ancestrales que tenemos. Ellos ya ni siquiera necesitan ir y aplicar la fuerza porque han generado una serie de significantes que instantáneamente te meten el miedo.

 

Consolidaron tan fuertemente estos símbolos que remiten a la época en la que la gente era desaparecida y asesinada. Utilizaban y utilizan el miedo para controlarlos y siguen presentes en Guatemala y en los aparatos de Estado.

 

Sí, se siguen utilizando porque el ejército nunca soltó realmente el poder del Estado. Los Acuerdos de Paz fueron unos acuerdos que se utilizaron a conveniencia de Estados Unidos porque simplemente no podían explotar los territorios en los que había una resistencia armada o en las que había un conflicto armado abierto. Después de que se empiezan a hacer este tipo de negociaciones de paz es que empiezan a matar líderes comunitarios. Estos asesinatos de líderes se dan precisamente después de la desmovilización de las guerrillas, es una táctica. En el momento en que desarmas a cierta población que te impide cumplir con ciertos proyectos, lo más fácil, en este caso para Estados Unidos, era imponer una negociación de paz para desmovilizar a la gente que estaba en resistencia. Estos Acuerdos de Paz no es que hayan nacido de impacto, sino que era la necesidad de decir “no podemos sostener esta guerra porque esto no nos está permitiendo meter la hidroeléctrica aquí, meter la minería acá, hacer esto aquí y hacer esto acá”.

El Estado nunca cumplió su parte de los acuerdos, el ejército sigue enquistado. La CICIG fue uno de los legados de estos Acuerdos de Paz para quitar esas estructuras paralelas de poder. Además el ejército no solo estaba en el Estado de Guatemala luchando en contra de los subversivos, ellos estaban haciéndose de tierras, estaban haciéndose del mercado, de tráfico de drogas, de tráfico de personas, de tráfico de armas, de tráfico de especies y de tráfico de madera… Muchas de las poblaciones que fueron desalojadas por el ejército en toda el área de la Franja Transversal del Norte son tierras que hoy son propiedades del ejército. El Estado ocupó todas estas instituciones.

Lo que iba a hacer la CICIG era desarticular estas estructuras paralelas de corrupción que se habían creado en el Estado y de poder paralelo. Esa simbología sigue presente en el Estado porque aquí las fuerzas democráticas no han ganado. El ejército, desde la firma de los Acuerdos de Paz, ha estado presente en el Estado y con la venida del sector empresarial CACIF, ellos son los que tienen la última palabra. Ellos aquí, en cualquier cosa, tienen la última palabra.

 

Y con la salida de la CICIG en septiembre de 2019, ¿cómo sientes que queda Guatemala? ¿Sientes que queda desprotegida? ¿Qué procede con la lucha contra la impunidad y la injusticia?

 

Yo creo que en el gobierno anterior se retrocedió muchísimos años en la historia porque cimentó esa idea de que cualquiera que quiera luchar por la transformación va a salir de la forma buena o de la forma mala. Miremos el caso paradigmático de Thelma Aldana. Es una lección para todas las mujeres en el sector justicia que están haciendo bien su trabajo. La lección es “si ustedes hacen bien su trabajo las vamos a mandar a matar o van a tener que salir del país con la amenaza de que la Interpol las va a agarrar porque tienen una orden de captura internacional, y si ustedes son un extranjero como Iván Velázquez que viene a trabajar en pro del sistema de justicia en Guatemala, lo que les va a tocar es salir por la puerta de atrás”.

Siento que con la salida de CICIG, y particularmente con el gobierno de Jimmy Morales, lo que se hizo fue re articular todas esas estructuras que, si bien empezaron a desmoronarse un poco, se re armaron, se reorganizaron y se articularon. Básicamente dijeron “bueno, aquí estamos, esto es nuestro y no nos vamos a ir”. Siento que estamos completamente desprotegidos en términos de derechos humanos. Los medios de comunicación generaron esta forma de pensar en el común de la gente de “no, estos extranjeros no tienen que venir a hacer nada aquí, esto es injerencia extranjera, esos derechos humanos son solo para defender a los criminales, esto es de los extranjeros, aquí ya tenemos la Constitución y la Constitución es lo que tiene que valer”. Han tergiversado de tal forma el pensamiento común de la gente, que la gente finalmente dice “sí, pues sí, la CICIG no tiene nada que estar haciendo aquí en este territorio, por qué tiene que venir un colombiano a decirnos cómo hacer las cosas” y eso es muy peligroso.

Yo creo que también mucha gente que salió a las grandes manifestaciones del 2015, cuando finalmente renuncian el presidente y la vicepresidenta, tuvieron una falsa sensación de triunfo. La gente realmente pensó que ellos se fueron del poder porque la ciudadanía salió a las calles y no porque, políticamente, se había trabajado durante muchos años en estos casos y en el fortalecimiento del sistema de justicia para que esto ocurriera. Entonces cuando el gobierno de Jimmy Morales empieza a hacer este tipo de cosas, la gente empieza a salir a las calles y ve que nada se transforma. Dice “bueno, no, siempre no funcionó, ya no voy a salir a las calles y ya no voy a hacer nada porque igual ellos van a ganar siempre”. Siento que estamos en un momento en términos políticos de mucha desesperanza a nivel ciudadano. La verdad pienso que mucho de ese espíritu de resistencia y de lucha continua pero no en la población mestiza de la ciudad, sino en los territorios originarios donde está toda la defensa en contra de estas empresas. Muchas de estas personas defensoras han sido asesinadas, otras criminalizadas, algunas están en la cárcel o son perseguidos políticos.

 

Para finalizar, ¿tú qué desearías o qué esperas para Guatemala, para la gente y para el territorio en los próximos años?

 

Uff, qué difícil. Yo quisiera que los movimientos sociales, los movimientos territoriales y la defensa del territorio ganaramos. Que las energías en el universo se alineen a nuestro favor y nos permitan sacar a todas estas empresas y megaproyectos que están depredando completamente el territorio, que está criminalizando a la gente, que están envenenando los ríos, que están envenenando la tierra.

Me encantaría un país donde el narcotráfico ya no existiera, donde este tipo de actividades pudiera ser legalizada de alguna forma para que los negocios que tienen no tengan que pasar por la clandestinidad, sino que estén a la luz de todo el mundo y puedan ser fiscalizados.

Me encantaría que Estados Unidos dejara de tener injerencia en nuestro territorio y que fuera un país más. Que su política exterior no fuera criminal con los migrantes ya que es un país que sin inmigrantes no existiría, no existiría hoy ni existiría en la historia porque siempre ha sido población migrante la que ha construido ese país. Que Estados Unidos se circunscriba a resolver sus propios problemas en lugar de estarse metiendo en nuestros territorios a dictar cómo deben ser las leyes y cómo deben ser las cosas.

Sueño con que la deuda externa a la que nos han condenado todo este tipo de instituciones como el F.M.I. desaparezca, porque finalmente son estos países colonialistas los que nos han quitado históricamente todo lo que tenemos y encima nos hacen creer que les debemos dinero por todo el dinero que ellos mandan de vuelta que no es ni más que lo que nos han robado.

Sueño con un territorio donde todos los pueblos tengan autonomía, que no se tengan que replegar a las fuerzas estatales para hacer valer sus propios sistemas jurídicos y de orden comunitario y me encantaría que esta mentalidad militarizada de derecha sea sustituida por ideas más autónomas y más felices y libres para los cuerpos y para las vidas.

 

En estos links puedes encontrar la música y los más recientes lanzamientos de Rebeca Lane:

https://music.apple.com/mx/artist/rebeca-lane/994147621

 

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  1. Sobre el caso La Línea: https://www.cicig.org/casos/caso-la-linea/
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  3. Sobre el registro de la Propiedad: https://www.cicig.org/casos/caso-el-estado-como-botin-registro-general-de-la-propiedad/
  4. Sobre el último informe de la CICIG: https://www.cicig.org/cicig/informes_cicig/informe-de-labores/informe-final-de-labores/#informe
  5. Sobre la CEH: http://www.centrodememoriahistorica.gov.co/descargas/guatemala-memoria-silencio/guatemala-memoria-del-silencio.pdf

 

La advertenciaDocumental · Podcast

Una historia de impunidad

Narrado por Diego Luna

Coproducido por Antifaz

La advertencia
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La advertencia

Introducción

Un recorrido por la reciente y turbulenta historia de Guatemala a través de los ojos de sus perseguidos, narrado por Diego Luna. Desde un interés personal, detonado por las múltiples resonancias con México y el resto del continente, nuestro narrador se pregunta: ¿para qué sirve el pasado?, ¿cómo es que Guatemala se convirtió, ante el asombro del mundo y por unos años, en un referente de justicia en América Latina; y por qué, de un momento a otro, dejó de serlo?

Esta es la historia de un país que, sumido en la corrupción, logró la renuncia de su presidente para después llevarlo a la cárcel, al igual que a militares, políticos, empresarios y narcotraficantes, –los considerados intocables–, gracias a la colaboración entre el Ministerio Público y el órgano anticorrupción y antimafias enviado por la ONU, la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG).

Hoy, esa búsqueda por la justicia llegó a su fin. Las élites políticas, militares y empresariales presionaron al gobierno para expulsar a la CICIG, por haberlas acusado de corrupción. Quienes contribuyeron con los mecanismos de justicia quedan ahora expuestos y son perseguidos.

Partimos del presente hacia el pasado para probar que la historia es cíclica, que siempre se repite. Indagamos en el pasado a través de las voces de ex trabajadores y ex colaboradores de la CICIG, ex comisionados, magistrados, políticos, activistas, empresarios y miembros de la sociedad civil –muchos de ellos perseguidos y amedrentados–, para conocer las estrategias de los grupos de poder que han mantenido el control: corrupción, asesinatos, genocidio y pactos de impunidad.

La narración, permeada de una serie de emociones que van desde la ilusión hasta la preocupación, pasando por el júbilo y la tristeza, también se asoma al futuro inmediato de Guatemala para reflexionar qué pasará con la esperanza que despertó ese gran laboratorio de justicia.

Narrador

Créditos

Presentado por

La Corriente del Golfo Podcast y Antifaz

  • Productores Miguel Pulido, Diego Luna y Ricardo Giraldo
  • Idea original y asesoría Miguel Pulido y Diego Luna
  • Guion y dirección Elvira Liceaga, Andrés Torres Checka y Ricardo Giraldo
  • Investigación Creatura Promotora de Pensamiento Crítico
  • Productores ejecutivos Gael García Bernal y Paula Amor
  • Asistente de producción Fernando Peña
  • Este serie contó con la participación de: Iván Velásquez, Claudia Paz y Paz, Evelyn, María Alejandra, Amanda, Flor, Dunia, Álvaro Montenegro, Enrique Naveda, Jacobo Dayán, Alejandra Colóm, Lucía Ixchiu, Iduvina Hernández, Juan Francisco Solórzano Foppa, Rodolfo González, Mónica González, Miguel Ángel Gálvez y Jorge Santos.
  • Canciones Rebeca Lane
  • Musicalización Leo Heiblum
  • Diseño sonoro Matías Barberis
  • Edición y maquetas Gabriel Villegas
  • Postproducción Bias post
  • Grabación de entrevistas en México Andrés Vargas Ruzo y Esteban Hernández Tamés en Sonoro
  • Grabación de entrevistas en Guatemala La casa de producción y Miguel Pulido
  • Grabación de entrevista Iván Velásquez y Diego Luna Panoram y Blond Indian Films
  • Material de archivo Paola Morales
  • Voz adicional Elvira Liceaga
  • Transcripciones y asesoría histórica Evelyn Recinos Contreras
  • Asesoría histórica Anibal Argüello
  • Estrategia de comunicación La Corriente del Golfo y Antifaz
  • Dirección La Corriente del Golfo Paula Amor
  • Comunicación Fabiola Quintero
  • Diseño gráfico Katia Tort
  • Programación web Danilo Guardado
  • Contabilidad y administración de Creatura Promotora de Pensamiento CríticoRolando Lagunes
  • Legal, contabilidad y administración de La Corriente del GolfoLorena Cándano
  • Material Extra web – Investigación Fernando Peña
  • Material Extra web – Asesoría Andrés Torres Checka

El material sonoro de este podcast fue proporcionado por:

AFP, Agencia Atlas, Gentevé Canal 29, Casa Blanca Media, EFE, Gobierno de Guatemala, Plaza Pública, Prensa Libre, Radio Nacional TGW, R.T., SkyLight, Telesur, The Voice of America, de su portal voanoticias.com; TN23/TVCHAPIN, Univision Noticias y Willy Barrios.

 

 

ESTE PROYECTO NO HUBIERA SIDO POSIBLE SIN EL GENEROSO APOYO DE:

Queremos agradecer a

Helena Hofbauer, Arturo Aguilar, Ricardo González, Ximena Andión, Rossana Ramírez Dagio, Kyzza Terrazas, Enrique Naveda, Kate Doyle, Anayansi Díaz-Cortés, Pamela Yates, Juliana Saa, Jayro Bustamante, Gustavo Matheu, Rodrigo Guardiola, Tania Ornelas Domínguez, Gabriel Ascencio, Carlos Esteban García, Lucia Arcila, Ezequiel Pinedo León, José Zamora, Tai La Bella Damsky, Totopo, Israel Espinosa, Sergio Silva, Byron Vásquez y a todas las personas que nos apoyaron para realizar este podcast.

©2020, La Corriente del Golfo Podcast y Antifaz. Todos los derechos reservados.

 

 

Galería

Diego Luna grabando en Bias Post

Consola Bias Post

Gabriel Villegas en Bias Post

Matías Barberis en Bias Post

Matías Barberis y Diego Luna en Bias Post

Enrique Naveda grabando en Cabina Antifaz

Jacobo Dayán grabando en Cabina Antifaz

Diego Luna y el ex-Comisionado de la CICIG, Iván Velásquez

Miguel Pulido, Juliana Saa, Diego Luna, Elvira Liceaga y Gabriel Asencio grabando en Panoram

Iván Velásquez en grabación desde Colombia

Claudia Paz y Paz grabando en Cabina Antifaz

Claudia Paz y Paz y Diego Luna terminando de grabar en Cabina Antifaz

Miguel Pulido, Claudia Paz y Paz, Ricardo Giraldo, Elvira Liceaga, Diego Luna y Andrés Torres Checka

Diego Luna, Andrés Torres Checka, Elvira Liceaga y Claudia Paz y Paz

Elvira Liceaga, Ricardo Giraldo, Andrés Torres Checka y Andrés Vargas “Ruzo”

Diego Luna revisando la estructura de los episodios de La Advertencia

Cuando los guionistas terminaron la estructura de La advertencia

Guionistas, productores y el narrador de La advertencia